No es que queramos enmendarle la plana a la UEFA y a sus comités de sabios. Bueno, sí: esos coeficientes con los que organiza sus ránkings de clubes, que luego aplica en los sorteos, tienen un fallo descomunal: castigan a los equipos de grandes ligas que no van todos los años a Europa. O, más bien, castigan a sus rivales: los clubes de la Champions van al sorteo con la ilusión de que les toque en el último bombo alguna cenicienta como el Saint-Gilloise belga (36.000) o el Qarabag (32.000 puntos), pero les cae un hueso duro de roer como el Athletic (26.750) o el Newcastle (23.039).

Y lo mismo vale en la Liga Europa, con el Celta (18.890) o el Stuttgart (17.266) en el último bombo, mientras el Young Boys suizo está en el penúltimo bombo con 34.500 puntos, tras su gran actuación en la pasada Liga de Campeones (perdió todos los partidos). La competición pondrá a cada uno en su lugar, claro está, pero esos ránkings no acaban de ser serios.