"¿Cómo se mete un cadáver en el lugar más vigilado de Bizkaia sin que nadie te vea?"José Mari Martínez
La escritora vizcaina nos embarca en su nueva novela, La última princesa, en un viaje en el tiempo a principios de los años 90 en la zona de la central nuclear de Lemoiz, donde la jefa del departamento de Ciencias del Comportamiento de Interpol Nora Cortázar, hija del famoso asesino Balbea, volverá a casa para investigar el hallazgo de un cadáver en la central nuclear.
Su nueva novela está ambientada en 1992, en pleno año de la Expo y Los Juegos Olímpicos. La anterior, Las dos vidas de Mina Índigo, se ubica en 1888, también en plena Exposición Universal. ¿Ha sido algo fortuito?
-Fíjate que eres la primera persona que hace esa conexión (risas). Es verdad que me atrae escribir historias en los momentos importantes, en momentos que de alguna manera van a formar también parte de la novela. Entonces, yo creo que también es un poco por eso. Y en este caso, la inauguración de los Juegos Olímpicos por ejemplo, es casi como el primer recuerdo colectivo que tengo, de estar viéndolo en la televisión en ese 1992, y es verdad que quería trasladarlo en la novela.
Usted tenía 10 años en aquella época. Aparte de esa inauguración, ¿qué más recuerda? Fueron años convulsos, especialmente aquí en Euskadi, y eso lo vemos también reflejado en La última princesa.
-Claro. Es cierto que cuando te sientas a escribir una novela ambientada en 1992, lo mismo que van a aparecer los Juegos Olímpicos o la Exposición Universal de Sevilla, es verdad que van a aparecer otros asuntos. Y además es que creo que no hubiera sido ni justo ni realista. Y es verdad que sobre todo uno de los mayores retos para mí mientras pensaba esta novela era escribirla con los ojos, no de este 2025, sino de alguna manera puestos en el momento histórico que vivíamos entonces. Cómo era la sociedad en ese momento, cómo era esa realidad política tan complicada.
Después de pasar por Barcelona ha vuelto a Euskadi, como la protagonista de su historia, Nora. ¿Su regreso ha sido más amable que el de su personaje?
-Uf, desde luego que sí, porque Nora Cortázar tiene una relación muy complicada con su familia, muy dolorosa. No solo con su familia, también un poco con todo el entorno cercano, con esas amistades y ese primer amor que ella deja aquí de alguna manera cuando va a hacer su vida fuera. Entonces es verdad, sí, mi regreso a Euskadi ha sido mucho más amable que el de Nora. Además, me apetecía escribir una novela ambientada en Euskadi y en una época que de alguna manera forma parte también de mis propios recuerdos.
'La última princesa' es la nueva novela de Alaitz Leceaga.
Nos ha presentado una detective atípica, una criminóloga de Interpol en pleno Lemoiz que tiene Asperger, y que hace un buen tandem con la guardia civil Andrea Bermejo. ¿Cómo se le ocurrió este equipo?
-Sí, es verdad que es un dúo de investigadoras poco habitual. Por un lado, tenemos a Nora Cortázar. Ella pertenece al espectro autista, tiene Asperger, aunque no creo que eso sea lo único que ella es, pero ella es verdad que es obsesiva, muy creativa y de alguna manera necesita perseguir esas pistas, esos rastros que solo ella puede ver, y eso hace que sea la mejor en su trabajo. Y al mismo tiempo la cabo Bermejo representa ese entusiasmo de la juventud, ese querer descubrirlo todo. Es verdad que juntas hacen un equipo de investigadoras imparable.
Las ha traído a ambas a Lemoiz, el lugar más vigilado de Bizkaia en el que de repente encontramos un cadáver. Una de las primeras preguntas que se plantean al inicio es precisamente esa: ¿Cómo ha podido aparecer un cuerpo en el lugar más custodiado?
-Sí. Quería una historia que fuera casi imposible de resolver, ese misterio que tú le prometes a los lectores cuando se sientan a leer una novela tuya. Me atraía que fuera un misterio casi imposible de resolver: ¿cómo se mete un cadáver en el lugar más vigilado de Bizkaia sin que nadie te vea? Eso es para que los lectores lo vayan descubriendo a lo largo de la novela (risas).
A través de esta criminóloga, de Nora, se ha adentrado además en las mentes de los criminales, de los asesinos en serie. ¿Cómo ha sido?
-La novela transcurre en 1992 y es verdad que entonces la criminología, las ciencias del comportamiento... no eran una disciplina tan asentada como a día de hoy. En ese momento el pensar en meterte en la cabeza de unos asesinos en serie para poder perseguirles y de alguna manera salvar a su siguiente víctima es algo por lo que la propia Nora experimenta al principio incluso algo de burla, lo vemos al comienzo de la novela. Y es cierto que te hace entender de dónde surgen esos monstruos a los que ella persigue, que pueden estar en cualquier lugar, en los lugares terribles pero también en los lugares que nos resultan más queridos.
Es difícil recorrer los bosques de Euskal Herria, de Bizkaia, sin que nos venga a la mente la parte más mística, de leyenda. También es, entiendo, igualmente difícil crear un thriller sin ese componente, ¿no?
-Claro, yo creo que las leyendas, los misterios y el folklore enriquecen mucho una novela de misterio. Y creo que, además de toda la mitología que podemos conocer de la zona, en esta historia vamos a conocer a esa misteriosa princesa que aparece en el título. Nos vamos a acercar a un yacimiento arqueológico.
Personal
Nacida en Bilbao, ya ha demostrado en los últimos años que la literatura es su verdadera pasión. Su primera novela fue El bosque sabe tu nombre, un éxito absoluto. Desde entonces, nos ha regalado viajes en el tiempo y el espacio con historias como Hasta donde termina el mar o Las dos vidas de Mina Índigo. El viaje continúa ahora con su nueva historia, La última princesa.
En La última princesa conoceremos a Nora Cortázar, jefa del departamento de Ciencias del Comportamiento de Interpol e hija de un famoso asesino, Balbea. Metódica y con una memoria privilegiada, volverá a casa en el momento en el que un cadáver aparece en la central nuclear de Lemoiz, fuertemente custodiada en esos primeros años 90. Así comienza una vertiginosa historia en la que los rituales antiguos, las leyendas, el terrorismo y los secretos familiares se hacen uno.
Ya en 1992 mucha gente intentaba entrar en Lemoiz, descubrir sus secretos. En 2025 hay gente que lo sigue intentando. ¿Usted ha podido acceder?
-Sí. A nada que hagamos una pequeña búsqueda en redes vamos a encontrar muchos vídeos de personas que se cuelan por los túneles o atraviesan la verja de la central. Yo tuve la suerte de poder acercarme. Tuve la oportunidad de acercarme a la central de Lemoiz, y sobre todo tuve la suerte de poder visitar una excavación arqueológica, porque muy cerca de donde transcurre la novela hay muchas exploraciones en marcha. Entonces, tuve la suerte de que me respondieran a algunas preguntas, porque tenía mucha curiosidad por saber cómo se excavaba hace 25-30 años.