Daniel Milagros: “Me está costando más recuperarme de los nervios de los días previos que del cansancio físico”
El pamplonés debutó este miércoles en los Juegos de Invierno, después de que hace apenas dos años dejara el patinaje sobre ruedas, donde fue subcampeón del mundo, por el hielo
Daniel Milagros (Pamplona, 03/06/2002) debutó este miércoles en unos Juegos Olímpicos de Invierno en la prueba de 1.000 metros de patinaje de velocidad sobre hielo. El navarro, que practica una disciplina sin infraestructuras específicas en España, ha vivido en la villa olímpica una experiencia que ha definido como “más que una competición” y ha afrontado su estreno en un escenario de máxima exigencia como la pista de Milán. Todavía con algo de resaca emocional, Milagros analiza su actuación, la presión olímpica y las dificultades estructurales que condicionan su progresión en un deporte en el que se introdujo hace apenas dos años y medio, pero sin renunciar a mirar a los próximos Juegos de Invierno.
¿Cómo está después de todo?
–Uf, muy bien. Ahora estoy recuperándome un poco de la resaca emocional del día, pero bien. Contento.
¿Cómo ha sido la experiencia?
–Muy guay. Dejando de lado la carrera, el estar todos los días aquí con toda la gente en la villa… Los Juegos son más que una competición.
¿Sigue por allí?
–Sí, me quedo hasta que compita Nil Llop, que compite mañana (por hoy), y el domingo ya vuelvo. Ahora estoy aprovechando que tengo hielo.
¿Cómo ha sido el día a día desde que llegó el 31 de enero?
–Todos los días son un poco parecidos. Venimos por la mañana a entrenar a la pista, luego vamos a comer, descansamos un poco. Por la tarde hacemos lo que nos toque, que normalmente suele ser en la Villa, porque tenemos el gimnasio, ya sea bici u otra cosa.
¿Ha tenido tiempo para relacionarse con otros deportistas?
–Sí, también. Con el contexto de intercambiar cosas… bueno, es una guerra. Es verdad que yo tampoco soy extremadamente sociable, pero sí hemos tenido tiempo para esas cosillas.
¿A medida que se acercaba el debut sentía más presión?
–Sí. De hecho, creo que me está costando más recuperarme de haber estado con los nervios de los días de antes que lo que es el cansancio físico de la propia carrera. El cansancio mental y psicológico te deja más tocado que el físico.
Estuvo acompañado por su familia, ¿no?
–Sí, vinieron a la carrera y estuvieron visitando Milán y algún otro sitio.
¿Cómo fue el día que competiste?
–Justo ese día por la mañana tenía una sesión de entrenamiento para probar el afilado. Pude dormir, pero me desperté antes de que sonara la alarma y ya estaba nervioso. Me decía: “¿Cómo puede ser si todavía no me ha dado tiempo a plantearme que corro hoy? Y es que me quedaba todo el día por delante. Después imagino que estaría más ausente de lo normal y recuerdo que el día se hace muy largo. Al ir al entrenamiento por la mañana pillamos tráfico en el autobús y pasó de ser un trayecto de cuarenta y cinco minutos a una hora y veinte. Y todo te preocupa más, te pone más nervioso. Todo te pone un poco más tenso. Hay nervios de que no te se salga todo el plan que tienes previsto. Y bueno, es duro, pero es algo con lo que también hay que lidiar.
¿Pudo estar con su familia antes de competir?
–No, no les vi hasta después. Era todo muy complicado porque yo entro a la pista por otro lado, tengo los horarios muy calculados, estoy nervioso. Sí que los vi en la grada y le dije a mi novia: “Lo primero, cuando entréis me mandas una foto de dónde estáis sentados”, para no ponerme nervioso por el hecho de tener que buscarlos. Y luego ya cuando terminó la carrera estuve con ellos.
¿Impone el salir a la pista en unos Juegos Olímpicos?
–Uf, sí. Toda la grada llena, las cámaras, los voluntarios… Intentaba no pensar mucho en la repercusión o en la gente que estaba viendo, pero luego cuando terminé y cogí el móvil…
¿Cómo gestionó esa repercusión?
–Complicado. Al principio el móvil no me funcionaba. Se me bloqueaba, me salía un error de sistema, se me reiniciaba solo… Únicamente en WhatsApp tenía igual 150 mensajes, en Instagram menciones… Fue exagerado. No pude contestar a todo y lo que hice fue subir un vídeo agradeciendo a todo el mundo y diciendo que contestaría poco a poco. Después me fui a cenar con mis padres y dejé el móvil. Al día siguiente fui contestando porque era una locura.
Antes de competir compartió en redes una conversación con su entrenador de cuando aceptó el reto de pasarse al hielo en 2023
–Sí, eso fue después del Mundial de patinaje sobre ruedas. Quedamos a tomar un café y me lo propuso. Le dije: “Bueno, le voy a dar una vuelta, me lo pienso y te digo algo”. Y esa fue la respuesta. Sería el día siguiente o un par de días después cuando le mandé el audio diciéndole: “Eh, venga, vamos a intentarlo, hay que hacer alguna cosilla, ¿no? ¿Cómo lo vamos a hacer?”. Yo estaba dispuesto. Era noviembre o diciembre del 23.
Y hablando de su actuación, ¿está contento?
–Bueno, no del todo. Me he quedado ahí un poco con la espinita. Es verdad que el 1.000 tampoco es exactamente mi prueba. Yo la prueba que entreno son los 500. Me dieron la oportunidad de correr el 1.000 y lo he preparado desde entonces, pero sabía que competitivamente iba a ser duro. No está mal. Lo que pasa es que me estaba notando muy bien, patinando muy bien, corrí muy bien hace unas semanas, y es verdad que aquí no tuve las mismas sensaciones. No sé si al final el hecho de estar tanto tiempo con los nervios había consumido un poco para la hora de la carrera. Yo ya sentí cuando me quedaba una vuelta que no tenía la misma chispa que hace un par de fines de semana. Pero tampoco creo que estuviera mal, porque todo el mundo bajó bastante respecto a sus mejores marcas. Sí que es verdad que tampoco creo que estuviera muy bien. Me habría gustado correr el 500, que es donde realmente me siento más cómodo. Pero es una primera toma de contacto y me lo tomo de esa manera.
¿Se nota el lastre de que el resto de países tiene pistas de hielo y ustedes no?
–Sí, eso se nota sobre todo en a lo que aspira cada uno. La gente que ha nacido con una pista de hielo puede estar pensando en disputar unos Juegos y nosotros en disfrutar de otra manera. Se nota. Ahora mismo estoy en la pista y si echo un vistazo igual veo 15 o 20 entrenadores de Países Bajos. Cada neerlandés tiene su entrenador, su staff. Es exagerado. Nosotros en ese aspecto somos un poquito más humildes.
En cambio ellos tienen hielo siempre, ¿no?
–Sí, claro. Tienen algún parón, pero van tocando hielo. En verano mismo ya empiezan a tocar. Al final cambia.
Además de ese lastre, ¿qué necesita para recortar la diferencia?
–La clave ahora mismo sería meterle tiempo, meterle horas de hielo y que yo me pueda tomar esto como algo profesional. Ahora mismo no cobro de esto. Tendré alguna beca por el tema de los Juegos, pero tengo 23 años y no estoy generando. Tampoco puedo trabajar porque estoy mucho tiempo fuera. Sería profesionalizarnos y tener tiempo y hielo.
¿El resto puede vivir del patinaje?
–Sí, normalmente ellos sí. Países Bajos seguro, tienen contratos millonarios. En Italia les ofrecen puestos de funcionarios. La mayoría son policías, bomberos, administración. Mientras compiten no trabajan, pero tienen el puesto asegurado. Cuando terminan su vida deportiva salen y ya tienen trabajo. Eso te da tranquilidad. Yo, que un poco mi futuro lo veo opositando, imagínate la tranquilidad de saber que vas a tener trabajo. Nosotros ahora mismo estamos aquí y ni estoy trabajando ni estoy opositando como debería. No es perder el tiempo, porque lo invertimos de otra forma, pero te da esa intranquilidad de pensar que igual estás quemando años y luego a ver qué haces.
¿Cuáles son tus planes inmediatos?
–Inmediatos, descansar. Lo necesito. Llevamos mucho tiempo, no solo este año, sino los dos últimos con el foco puesto en los Juegos. Este año desde que empezamos no he parado. Necesito volver, descansar, coger oxígeno y seguir.
¿A largo plazo tiene pensado volver en los próximos Juegos?
–Me encantaría. Lo que comento con la federación es que tiene que ser algo viable. No puedo tirar cuatro años más. Entiendo que gracias a estar aquí vamos a tener más facilidades, pero si veo que es viable y que se compagina con mi estilo de vida, ojalá. Con cuatro años más ya estaríamos hablando de cosas más grandes.
¿Qué espera de Nil Llop en 500 metros?
–Está entrenando muy bien, le estoy viendo seguro. Si los nervios no le traicionan, que suele ser nuestro limitante, puede salir muy bien. Días antes de la carrera yo estaba haciendo vueltas de 26.1, 26.4 y luego en la carrera hice 26.2, 26.8. Imagína la diferencia. Pero le veo bien, le veo rápido. Si le sale, creo que se puede meter en un top 15.