Como les ocurre a las personas, a las marcas de automóviles en ocasiones se les plantea la disyuntiva de escoger entre sus principios y sus objetivos. Cuando Ferdinand Porsche se propuso adquirir un automóvil deportivo, fue al mercado de su tiempo y lo buscó, pero no lo encontró, así que decidió diseñarlo y fabricarlo él mismo. Ese fue un principio en su trabajo y también un comienzo. Y para ello levantó una empresa, que es la manera de llevar a la práctica objetivos concretos en un tiempo, espacio y situación económica determinada, es decir, el modo de dar forma material a los principios.

A Porsche el éxito le llegó porque fue capaz de poner en práctica una idea (principio) de forma satisfactoria, y el mercado le premió con el éxito comercial y empresarial. Se convirtió en todo un referente en mundo del automovilismo deportivo, tanto en las ventas como en la competición. Pero los tiempos cambian y las exigencias de éstos también, a lo que hay sumar las necesidades propias de las empresas: la rentabilidad no es un lujo, sino una prioridad cuando se quiere seguir produciendo y añadiendo nuevos modelos. Y así fue como llegaron a Porsche hace más de veinte años sus nuevos SUV y berlinas, tremendamente deportivos, pero con mayor capacidad que sus biplazas y 2+2 de siempre, y en los últimos tiempos también los automóviles con propulsión eléctrica. Los objetivos fueron ganando espacio frente al principio inicial de un deportivo en estado puro. Sin embargo, todavía hay un reducto para seguir soñando, creando y produciendo los mejores deportivos de combustión y en carrocería de mínimo tamaño, para continuar honrando con ejemplares míticos a aquel principio que supuso el inicio de todo.

Porsche lanza su nuevo 911 Turbo S, una máquina superlativa de 711 CV, 322 km/h y precios a partir de 312.200 euros

Hoy el modelo que representa el máximo exponente de esta filosofía se actualiza: tenemos nuevo Porsche 911 Turbo S. La firma lo presenta en nuestro país como el “deportivo más polivalente”, pero para mí que es más bien el superdeportivo soñado, la máquina de otra dimensión o la joya de la corona de entre los 911. Siempre que escribo sobre el 911 Turbo recuerdo el primero que vi en persona, allá por finales de los años setenta del pasado siglo, en la costa mediterránea y manejado por un conductor alemán, aquella bestia de 300 CV que sonaba de miedo e intimidaba con su sola presencia. ¡Qué máquina! Brutal y preciosa.

Hoy sigue fiel al mismo espíritu, pero más refinado, eficaz, adaptado al uso diario, cómodo en viajes largos y sofisticado que nunca, y tan elitista y singular como entonces. El 911 más potente de la historia emplea un innovador sistema de propulsión biturbo con tecnología T-Hybrid que proporciona 711 CV de 6.500 a 7.000 rpm y 800 Nm de 2.300 a 6.000 vueltas (640 CV y 760 Nm procedentes del motor de combustión de 3.591 cc y seis cilindros opuestos, y 52 kW del sistema eléctrico), dispone de tracción a las cuatro ruedas y cambio automático PDK de ocho marchas, se ofrece en carrocería Coupé (cerrada) y Cabriolet (descapotable), ambas en configuración biplaza o 2+2, a elegir, y presenta, en palabras de la firma alemana, “un diseño más musculoso, una aerodinámica más inteligente, un chasis optimizado y un equipamiento más exclusivo”. Con sus 4,551 metros de largura, 1,900 de anchura, 1,305 de altura, 2,450 de distancia entre ejes, 128 litros de maletero delantero, a los que sumar 373 litros tras los dos asientos, y 1.725 kilogramos de peso, es una máquina superlativa capaz de alcanzar los 322 km/h de velocidad máxima y de acelerar de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos y de 0 a 200 km/h en 8,4 segundos. Y por si estas referencias no fueran lo suficientemente estimulantes, en Porsche recuerdan que el nuevo 911 Turbo S sólo pesa 85 kilogramos más que su predecesor y que batió el mejor tiempo de éste en el Circuito de Nürburgring en alrededor de 14 segundos, ya que es un coche que “se nota más ágil, tiene más agarre y es significativamente más rápido que el anterior en todas las secciones del circuito”.

El Porsche 911 más potente, sofisticado y exclusivo también es un vehículo confortable viajando y utilizable a diario

Este descomunal despliegue de prestaciones llega acompañado de unos neumáticos en consonancia (255/35 ZR 20 delante y 325/30 ZR 21 en el eje trasero), de frenos cerámicos de serie con diámetros que pasan de 390 a 410 milímetros en la zaga y se sitúan en 420 mm en el tren anterior; de una aerodinámica activa inteligente en la parte frontal y posterior que opera para atender las necesidades de agarre, refrigeración, eficiencia, velocidad y hasta frenado en condiciones de lluvia; de un chasis con control electrohidráulico que lo hace todavía más estable, ágil y confortable; de un escape con salidas de titanio que aporta un sonido más gutural y nítido; y de una carrocería específica que se diferencia en diseño, colores (Turbonita), anchura, formas, acabados, terminaciones interiores y equipamiento (faros HD Matrix Led o paquete Sport Chrono, por ejemplo), sin olvidar unas interminables posibilidades de personalización.

Como colofón para lucir esta joya sobre ruedas Porsche propone otra para llevar en la muñeca, un reloj exclusivo, también personalizable, y fabricado a mano en Suiza, el Chronograph 911 Turbo S. Los precios del Porsche 911 Turbo S en nuestro país se quedan en 312.200 euros para el Coupé y en 328.344 euros para el Cabriolet. Felicidades a los afortunados.