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Salustiano Larrea, la huella recuperada de un pintor lumbierino

el sábado se abre una muestra con la obra diseminada de este artista del siglo pasadoQuince familias de Lumbier han cedido cuadros, que se podrán ver juntos por primera vez en el ayuntamiento

Salustiano Larrea, la huella recuperada de un pintor lumbierino

lumbier. Tras meses de trabajo de un grupo de vecinos de Lumbier, este sábado quedará abierta la muestra pictórica del lumbierino Salustiano Larrea Alzueta (1918-1986), que se podrá contemplar hasta el día 15. La exposición cuenta con la colaboración del Ayuntamiento y ha sido posible gracias al interés de este grupo integrado por vecinos, pintores locales y particulares, por recoger la obra desconocida y diseminada de Larrea. Otro de sus objetivos es mostrarla al público y conservarla en un catálogo, del que se han editado trescientos ejemplares.

La muestra se compone de cuarenta cuadros y engloba paisajes de Lumbier, sus alrededores, naturalezas muertas: flores, frutas y otros objetos domésticos, la mayor parte al natural, reflejo del mundo en el que se desenvolvió su vida. Sólo ocasionalmente trabajaba el retrato. El seguimiento de Larrea elaborado por el actual grupo de pintores locales distingue dos etapas en su obra: una primera de colores apagados, poca luz y paleta reducida, de ocres, grises y rojo inglés para la tierra. Y una segunda en la que se amplia la luz, sobre todo en el espacio del cielo, y los colores. La característica esencial de toda su obra es la falta de nitidez. Todo aparece envuelto en una nebulosa, plasmado con una pintura rápida, lavada de color hasta perder la luz. También el reducido tamaño de sus lienzos (60x140), tal vez para facilitar su venta y garantizar su sustento.

Salustiano Larrea Alzueta nació en Lumbier el 8 de octubre de 1918 y perteneció a una familia numerosa de origen humilde, típica de las que componían la sociedad navarra de principios del siglo pasado, eminentemente rural y agrícola. En este contexto, se desconoce de dónde le vino al joven la afición por la pintura, pero sí se sabe que debió su instrucción al conocido pintor aibarés Crispín Martínez (1903-1957), con el que pudo contactar gracias a su madre, natural de Aibar. Su influencia se puede apreciar sobre todo en las obras de su primera época. El propio pintor reconocía a Crispín como su maestro. Por lo demás, se le considera un autor eminentemente autodidacta.

de lumbier a madrid Sus coetáneos le recuerdan como un hombre de carácter reservado, tímido y austero, y al mismo tiempo, amable. Vivió en la misma casa donde nació, el nº 22 de la calle del Cierzo, dedicado a las labores del campo. Siempre que podía viajaba a Madrid. Su relación con el marqués de Jaureguizar, aficionado a la pintura, le permitía pintar en la capital. Completaba las escapadas con viajes a la costa mediterránea para crear y vender. Pero fundamentalmente, sus obras responden a los encargos de los propios vecinos de Lumbier, cuyos hogares se convirtieron a la postre en los mejores museos para sus cuadros. Gracias a esta circunstancia y a la colaboración de quince familias, se podrá disfrutar estos días de la muestra de un precursor desconocido de las posteriores generaciones de pintores locales, cuya figura y obra ha querido reconocer el Ayuntamiento.