En 1905, Pamplona se ceñía básicamente al actual casco antiguo, y tan solo de forma muy tímida osaba asomarse más allá de las viejas murallas renacentistas, siempre bajo la mirada vigilante de las autoridades militares. A causa de estas limitaciones, ya a fines del siglo XIX, el casco urbano pamplonés estaba absolutamente saturado, y esto trajo consigo que numerosos huertos y piezas fueran desapareciendo, y que se colmataran antiguas plazas y espacios abiertos. En contrapartida, esta saturación demográfica era causa de que las calles de Pamplona, sin excepción, mostraran un trasiego constante, y que estuvieran permanentemente pletóricas de actividad y, en definitiva, de vida.

La vieja fotografía recoge una escena cotidiana del tramo inicial de la calle Jarauta, que entonces recibía el título de calle de Pellejerías. Vemos en lugar preferente la iglesia de San Saturnino, con la hermosa fachada que los pamploneses del siglo XVI quisieron darle. Se ve también, en otro orden de cosas, que en la Pamplona de 1905 la presencia de un fotógrafo era cosa notable, puesto que no son pocos los que han interrumpido sus quehaceres para participar del evento. Entre los que prosiguen con su faena vemos varias personas cargadas con sacos y fardos, y no falta, incluso, un sufrido burro que, estacionado en la mismísima puerta de San Cernin, espera pacientemente a que le liberen de su carga.

HOY EN DÍA, y a pesar de los 106 años transcurridos, debemos confesar que la zona apenas ha cambiado. Y es que, más allá de algún detalle relativo al mobiliario urbano, la zona permanece igual que a principios del siglo XX, y probablemente no haya cambiado en lo sustancial desde el medievo. La calle Jarauta, como va dicho, había recibido durante la Edad Media el nombre de calle de Pellejerías, por ser la zona donde se concentraban los artesanos que se dedicaban a curtir y vender pieles. Los vecinos de la zona no llevaban bien dicho título, muy especialmente las mujeres, a quienes los pamploneses de otras zonas, muy socarrones ellos, apodaban "pellejas". Y ya se sabe que tal era uno de los apelativos que se aplicaba a las mujeres que ejercían la prostitución. Con tal motivo, los vecinos solicitaron en 1886 y 1906 el cambio de nombre, decidiéndose al fin dedicar la calle a don Joaquín Jarauta Arizaleta, magistrado pamplonés que llegó a ser alcalde en 1881.

En cuanto a la iglesia dedicada a San Saturnino, el pueblo soberano ha preferido siempre el castizo nombre de San Cernin, provocando una duplicidad de nombres no siempre bien comprendida. El título de San Cernin proviene directamente de la Edad Media, puesto que en provenzal, uno de los idiomas que se empleaban en la Pamplona de entonces, San Saturnino se decía Saint-Sernin.