Sin duda, el monte Berain o Beriain o San Donato, que remata la sierra de Andía/Andiaga con una colosal y única pirámide de mil metros de altura, es, desde la margen derecha del río Arakil, el dominador del valle de La Sakana o Barranka y la principal marca de identidad de Arbizu.
Este monte Beriain (1.494 m), forma parte en su lado cóncavo del sinclinal colgado de la sierra de San Donato, mientras que el valle de Ergoiena es la parte convexa. El relieve de esta y demás sierras y montañas que circundan a Arbizu se ajusta al típico karst de los terrenos calcáreos. Su vegetación responde a las características del clima subatlántico, predominando robles, hayas y castaños. Sus valores medios anuales son de 8 a 12 grados de temperatura, y de 1.200 a 1.600 mm de precipitación.
Arbizu se sitúa a casi 500 metros de altura (493) y la superficie de su muy irregular término es de 14,4 kilómetros cuadrados. Unas 240 hectáreas están destinadas a prados y pastos y algo más a terrenos cultivados.
Sus caseríos vecinos son, al este, Lakuntza y Uharte Arakil, y, al oeste, Extarri Aranatz. El propio caserío arbizuarra, con unas 150 casas nombradas y de origen antiguo, está perfectamente arreglado y luce, tras ardua historia y varios saqueos, reverdecido. La mayor parte de las casas son grandes bloques de piedra adosadas unas a otras y en línea en las calles Nueva, Mayor, Tejería e Iruñeko Etorbidea. Es, así, un puedo denominado en geografía urbana como pueblo-calle o, mejor en este caso, calles, en plural. En la actualidad la población suma 1.100 habitantes. En 1850 tenía 778, en 1900, 821, en 1960, bajó a 793, su mínimo más reciente. Desde entonces, la población ha ido aumentando una media de unos 9 vecinos por año.
En el siglo XIII Arbizu era un asentamiento del valle de Aranatz. La amenaza constante de Castilla desde las conquista de 1.200, llevó a que pequeños asentamientos como Araña, Maiza, Arróspide... de lo que hoy es término de Arbizu, acabaran agrupándose para su mejor desarrollo y defensa bajo la protección amurallada del propio Arbizu y de Etxarri Aranatz.
Desde el siglo XVI luce su condición de villa y ya, desde 1882, tiene carácter único al desmembrarse, como Etxarri, Lizarraga, Darrau y Unanu, de lo que se conocía como Valle de Aralar.
En 1813, junto a la perdida de la independencia de Navarra en el primer tercio del siglo XVI, la villa sufrió el mayor desastre de su historia. Las tropas francesas, en retirada tras su derrota en Gasteiz de la Guerra de la Independencia, arrasaron e incendiaron la mayor parte del lugar.
vecinos Desatendida la visita por la alcaldesa Miren Mendinueta (algún imprevisto), encontramos cicerones de lujo en las personas, sabiduría y sentimientos del párroco local Saturnino Múgika Goikoetxea, natural de Intza; del vecino Simón Maiza Mendinueta, propietario de Aitzanea, una de las atractivas casas de la calle Mayor y que, además, acoge una extraordinaria bodega y colección de vinos; y de Jaione Larrañaga, una de las encargadas del hotel Olatzea, donde se ha recuperado un precioso molino de harina y que, gratis, se puede ver en funcionamiento todos los días a las 11 de la mañana y 6 de la tarde. La propiedad del curioso, romántico y patrimonial establecimiento corresponde a Nahiara Goñi y Txaro Díaz (www.hotelolatzea.com)
Saturnino, uno de los últimos párrocos fijos de esta zona de Navarra atiende la iglesia de la Natividad de María y su culto. Y también aporta centinela bondad desde la casa parroquial anexa donde habita. La catequesis, contada y cantada a los niños con dulzura por Marijose Mendinueta. La fábrica (37 m. de largo) fue construida en el siglo XVII por Martín de Galarza. Su retablo mayor es neoclásico con algunos rasgos eclécticos. Algunas de las imágenes y varias columnas supervivientes fueron aprovechadas del retablo anterior, que también fue saqueado y quemado en 1813 durante la francesada. En los primeros años de este siglo la iglesia, retablo... fueron restaurados de forma integral y en auzolan por muchos vecinos. En su entrada, reta a chavales y talludos (aquí calentó la afición Joseba Ezkurdia) un fino atrio trinketero y una de las dos hijas de la vieja secuoya del pamplonés Palacio de Navarra. La otra ya murió en Urdiáin. En la torre, dos magnos relojes: un Yeregui de 1750, ya sin pulso; y un carrillón infalible de última tecnología y dirigido vía satélite de 2005.
Y entre la rica arquitectura civil destaca el palacio Cabo de Armería que en 1512 tenía como señor a Juan de Arbizu. Sus actuales dueños lo conservan en buen estado y se engalla en la mitad de este precioso pueblo.