leitza - Mañana, Santo Tomás, es uno de los días grandes de San Sebastián y también de Kristina Saralegi, baserritarra de Leitza. Pero a diferencia de otros, no pondrá a la venta productos de su caserío como frutas, hortalizas o capones, sino que acudirá a la feria con dos puestos de talos, y la cerda Marikrux, la reina de la celebración. Y es que Kristina Saralegi, de 40 años, ha sabido adaptarse a los tiempos, usando los recursos que ofrece el caserío para convertirlos en negocio.
A diferencia de otros baserritarras que trabajan con un determinado ganado, como vacas u ovejas, Kristina Saralegi optó por que Arro, un caserío centenario de Arkiskil, siguiera siendo un lugar donde los animales se crían como antes. Tiene vacas, yeguas, burros, gallinas, ovejas, ocas, cerdos? un poco de todo, lo que le hace un caserío diferente. “Tenemos el ganado a capricho”, apunta. Pero para que sea rentable se deben buscar otros recursos, que esta leitzarra ha sabido encontrar, con mucho trabajo y dedicación detrás. Así, muchos de estos animales se podrán ver la próxima semana acompañando al Olentzero por las calles de Pamplona, Tudela o Ansoáin. También son habituales en fiestas y ferias de distintos puntos de Navarra. Por otro lado, se pueden ver en su entorno natural, con visitas al caserío que organiza en verano en las que también imparte un taller de talos.
Precisamente, la elaboración de estas deliciosas tortas de harina de maíz, es otra de las actividades de esta leitzarra. Será el producto estrella mañana en Santo Tomás. Y lo sabe bien Kristina Saralegi, que acudirá con una cuadrilla de 40 personas. “Estamos desde las diez de la mañana hasta las ocho, pero cuando más trabajo es al mediodía. El talo está de moda”, observa.
Criada en caserío, la menor de siete hermanos de una familia ligada a los herri kirolak, Kristina Saralegi veía su futuro lejos del caserío familiar. Pero circunstancias de la vida le llevaron a hacerse cargo de Arro. “A menudo tú no escoges la vida, la vida te escoge a ti”, observa. “Estudiaba administrativo y no quería ni loca esta vida, siempre trabajando, sin vacaciones ni fiestas. Yo pensaba seguir a mi hermana, que se fue a Pamplona”, apunta.
Todo cambió en 1995 cuando su padre, Esteban Saralegi, falleció de un infarto con 68 años. “Era invierno y en el caserío había muchos animales. Todos los hermanos trabajaban fuera y la madre se quedaba sola”, recuerda. Por ello, la benjamina, que entonces tenía 21 años, decidió quedarse pero con un propósito, ir quitando el ganado.
Por el contrario, casi dos décadas después, hay más animales. Ahora son menos vacas, 20, pero tiene 90 ovejas, 12 burros, 30 gansos, 50 gallinas, dos pavos y seis patos. “No he tenido valor para dejar lo que empezó mi padre”, apunta. No obstante, no le pesa. “Ahora me costaría adaptarme a otro tipo de vida. Es mucho trabajo pero también libertad”, observa. Además, desde hace año y medio le ayuda su novio, José Manuel Huizi, que se quedó sin empleo. “No llegaba a todo”, señala.
Lo cierto es que el caserío exige dedicación absoluta, sobre todo en invierno, muy lejos de imágenes bucólicas como ver nevar junto al fuego. “Cuando nieva es cuando hay más trabajo. Hay que ir con el tractor a alimentar al ganado, ya que no hay pasto. El invierno no es tan acogedor como la gente cree”, asegura.
Los herri kirolak también han formado parte de su vida desde niña. Al igual que sus hermanos, Kristina Saralegi también conoce el ambiente de plazas y frontones. No en vano durante 10 años participó en exhibiciones como aizkolari junto a su hermana Mariví. “El hacha es dura, sufren cintura y muñecas”, asegura.
LA CERDA ‘MARIKRUX’ Pero si algo ha dado fama a Kristina Saralegi es que desde hace doce años es la encargada de que no falte una hermosa cerda en el centro de la plaza de la Constitución donostiarra, rodeada de cientos de personas y cámaras todo el día. Al coincidir la fiesta este año en domingo, la leitzarra quería que fuese una cerda especial, que llamase la atención. “Entre los requisitos que debemos cumplir es que sea hembra y de gran tamaño, cuanto más mejor”, apunta. Lo cierto es que será la más grande hasta la fecha. “Lesmes Belaunzaran, criador de cerdos de Berrobi, se había enterado de que buscábamos un buen ejemplar y nos comentó que tenía una cerda muy hermosa”. Marikrux, de cinco años, llegó a Arro en septiembre con 310 kilos. Se espera que mañana salga de Leitza con unos 370.
“No hace otra cosa que comer y descansar”, apunta Kristina Saralegi, quien destaca que a pesar de su tamaño y envergadura, es una cerda ágil. “Es larga y ancha”, observa. También destaca que nació sin rabo. Maikrux, que toma su nombre del personaje de Anjel Alkain en el programa Kontuz atsuak de ETB-1, es la mimada de Arro, alimentada a capricho. “Come maíz, habas, salvado, verdura, fruta? También le gusta la hierba verde”, apunta su propietaria.