“El agua es indispensable para la vida. Pero, a veces acaba con ella. Así ocurrió en varias ocasiones durante los cientos de años en que estuvo en funcionamiento la famosa balsa de Arróniz”. Así resume el presidente de la asociación cultural Kazteluzar, Walter Hasenburg, lo que representó la balsa para el pueblo.

Estos datos se han demostrado en la investigación que ha realizado, tras lo que concluye que, si bien, la balsa era indispensable para que los sopicones pudieran coger agua, lo cierto es que también fue escenario de varios trágicos ahogamientos. De uno de ellos se acaban de cumplir 100 años.

Hasenburg explica que esta emblemática construcción se planteó por la falta de un suministro regular de agua en la población y tras las virulentas plagas de peste negra de mediados del siglo XIV y comienzos del XV. “Allí se recogía el agua de lluvia que bajaba del monte Zarramonza y tenía más de un millón de litros de capacidad”, apunta.

Este enclave atesoraba además importancia social ya que, como explica, “allí se encontraban los vecinos para recoger agua y para comentar las últimas novedades. Asimismo, se citaban los novios al atardecer y los días festivos”.

Pero, como señala Hasenburg, la balsa de Arróniz también fue escenario de varias tragedias, “como la que ocurrió hace 100 años, el 12 de agosto de 1915, cuando murió ahogado el niño de 9 años Casimiro Sanz Mauleón, según consta en el Registro de Actas de Defunción”. Estos hechos marcaron a los habitantes y como indica el presidente se sabe que “algunos vecinos se lamentaban en 1931 de este caso y de otros, como el de una niña que murió en 1924, N. Pellejero Morrás, y otra de 16 años, Asunción Azcona Mauleón, que fue salvada ese mismo año por Julián Zurbano Olleta, que se lanzó al agua al oír sus gritos”.

Esos sopicones exigieron con sus quejas que se llevase a cabo el proyecto de abastecimiento de aguas y saneamiento de la villa de Arróniz. “El proyecto solo se retomó tras la muerte de otra niña de 9 años en septiembre de 1943, si bien las obras se alargaron hasta la definitiva inauguración de las tuberías en las casas, en el año 1949”, indica Hasenburg.

No se tiene certeza de por qué se produjeron tantos ahogamientos en la balsa, aunque Hasenburg explica que no estaba vallada, por lo que sería fácil caer, e indica que en aquellos años los niños probablemente no sabrían nadar.

Según la información de la que dispone, la balsa se tapó definitivamente en el año 1962. “En la actualidad, hay allí columpios, una pista de futbito y baloncesto y un parque biosaludable, donde juegan los niños en el recreo de la escuela”, explica. De hecho, el colegio, llamado La Balsa, se sitúa donde estuvo la rebalsa, que era otra dotación “que servía para reposar el agua antes de llegar a la balsa principal”.

Como se ha comprobado, la balsa de Arróniz fue una infraestructura de gran importancia en la localidad, de hecho, el apelativo con el que se les llama a los de Arróniz, sopicones, puede estar también relacionado con esta balsa. “Hay varias versiones pero la más extendida, sin saber si es cierta o no, es que alguno de Arróniz le dijo a otro de otro pueblo que éramos capaces de comernos la balsa llena de sopa”, recuerda.

homenaje Por la relevancia que tuvo la balsa en Arróniz, Hasenburg propone que sería interesante que el pueblo homenajease a todos los protagonistas de tan original construcción, especialmente a los que perdieron su vida en ella. “Se podría hacer en forma de placa conmemorativa, escultura en su recuerdo o ambas, y más aún aprovechando el mencionado 100º aniversario del ahogamiento del niño Casimiro Sanz Mauleón”, señala.