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Pedro III, 25 años mágicos

Pedro Usarralde, el mago Pedro III, subió por primera vez a un escenario en la ETI de Tudela en 1991. 25 años de una pasión que ha convertido en profesión

Pedro III, 25 años mágicosIBAN AGUINAGA

pamplona - La conversación cercana denota el “veneno” que la magia supone en la vida de Pedro Usarralde. A los 42 años, casado y padre de una hija, es uno de los “dos o tres” magos profesionales de Navarra. Se anuncia como Pedro III y es habitual verle en cualquier parte, lo mismo en una sencilla celebración familiar que cruzando el acueducto de Noáin a ciegas y encadenado. Trabaja desde la magia corporativa para empresas a espectáculos en teatros, fiestas de pueblos o animando un cumpleaños. “Voy donde me llaman, soy autónomo”, sostiene, aunque lo que le gusta son las “grandes ilusiones, la magia de grandes cajas, bailarinas, partir a gente por la mitad, apariciones y desapariciones... Esas cosas”.

Con uno de esos grandes espectáculos, El coleccionista de recuerdos, celebró recientemente sus 25 años de mago en el Teatro Gaztambide de Tudela. “Quise hacerlo por todo lo alto, porque era en Tudela, la ciudad en la que vivo, en el Gaztambide y con mi gente; me daba igual que no saliera rentable”, señala. Le gustaría repetirlo en otros lugares, sobre todo en Pamplona, pero es consciente de la complicación porque “entre colaboradores, técnicos y ayudantes estábamos 17 personas, y eso no se puede llevar de gira”.

Fue precisamente en Tudela donde Pedro III enseñó su magia al público por primera vez. Como a tantos niños, de pequeño le regalaron una caja de juegos y con ocho años compró en una feria de viejo el libro Aprenda a hacermagia e ilusionismo. “Me costó 300 pesetas”, recuerda, “y con él fui aprendiendo trucos que hacía en reuniones familiares en Corella”. Un día de 1991, sus compañeros del Instituto de Tudela le propusieron actuar en un festival para el viaje de estudios y ahí empezó todo. “Poco a poco se corre la voz y te van llamando de un sitio y de otro; se va haciendo una bola, siempre en plan amateur, hasta que empiezas a comprar equipos de sonido, vestuario, haces juegos cada vez más complicados y llegó un momento en que me planteé ganarme la vida con esto”, señala. A dar ese paso le ayudó el campeonato de España de magia general que ganó en 1999, de forma que en 2003 abandonó su trabajo de agente de desarrollo local en el Ayuntamiento de Cintruénigo y montó su empresa, después de hacer un curso en el CEIN, con plan de viabilidad y estudio de mercado incluidos. La suerte le acompañó y al año siguiente ganó el campeonato de Europa de grandes ilusiones y otros dos premios internacionales muy seguidos. “Eso fue lo que me catapultó”, sostiene.

profesión vocacional Pedro Usarralde tiene claro que su profesión es vocacional. “Para ser un buen mago hay que estar obsesionado con este arte. Puede sonar exagerado pero estás 24 horas al día practicando, investigando, pensando...”, recalca. Todo eso es necesario para diferenciarse. “Cuando empiezas estás un poco a expensas de lo que hacen los demás, pero luego buscas tu propio camino, que la gente no vaya a verte porque eres un mago sino porque eres Pedro III”, indica. Es la búsqueda de la originalidad como factor importante en cualquier arte. “Como se suele decir, el primero que lo hace es un genio y el segundo, un idiota”, asegura.

El genio, para Pedro Usarralde, es David Copperfield, con el que ha compartido escenario en Madrid y Las Vegas. “No es que actuase con él pero me sacó al escenario para que le ayudara”, recuerda con orgullo. De hecho, Usarralde fue a Las Vegas con su esposa de luna de miel “y allí vi todos los espectáculos de magia que había”.

Pedro III admite que alguna vez le ha fallado un juego, “pero los espectadores no se han llegado a dar cuenta” porque “jugamos con el factor sorpresa, el público no sabe qué va a suceder”. En realidad, está convencido de que el espectador ni siquiera quiere pillar el truco: “Los magos necesitamos atención total; esto no es como la música que puede estar sonando y tú haciendo otra cosa; la magia no deja de ser un juego intelectual entre el mago y el público. El espectador sabe que hay un truco, pero lo bonito es hacerlo de forma que parezca realmente magia, que estés viendo algo imposible, ese es nuestro juego”.

De su repertorio le gusta especialmente el baúl metamorfosis, encerrar a la ayudante en una caja con el mago fuera, bajar la cortina y dar el cambiazo. “Es un clásico, un número que tiene más de 140 años, muy arriesgado, muy técnico”, señala. Con él ganó los tres premios internacionales “porque lo he trabajado hasta la extenuación y puedo hacerlo en medio segundo”. También está muy orgulloso de la serie que ha denominado Adrenalina, juegos espectaculares y peligrosos “que solo se hacen una vez”. Ha hecho dos: cruzar el acueducto de Noáin con los ojos vendados y encadenado en 2014, y la evasión al más puro estilo Houdini de la piscina del Amaya encerrado en una jaula y atado con 40 metros de cadenas y 72 candados al año siguiente. “Estoy muy orgulloso de estos efectos”, revela, aunque “no los puedes hacer todos los días, hay un peligro real”. De hecho, está preparando otros dos, uno relacionado con el fuego y otro en velocidad. Pretende seguir trabajando su magia “todo lo que pueda” aunque sabe que conforme aumenta la edad es más difícil. “Cuando eres mayor ya no puedes atarte con cadenas y candados, pero puedes jugar con las cartas. Mi magia es muy física y sé que cada vez me va a costar más, pero voy a hacer magia toda mi vida, otra cosa es encima del escenario”.