25 años sin el viejo nogal de Altsasu
Su retirada fue en un acto multitudinario entre aplausos Y ALGUNAS LÁGRIMAS | Con su madera se hizo una escultura
ALTSASU. Hace 25 años que el viejo nogal de la plaza fue arrancado de la tierra que le dio cobijo durante siglos. Símbolo de Altsasu, su despedida fue multitudinaria, entre aplausos y algunas lágrimas. Y es que este centenario árbol formaba y forma parte de la memoria de generaciones de altsasuarras. Pero sigue vivo en forma de escultura. Y es que con su madera el escultor José Ulibarrena realizó una obra, que preside otro lado de la plaza desde 1994.
Hacía varios años que el nogal había comenzado a dar señales de alarma y los altsasuarras comprobaban con tristeza cada primavera como iba perdiendo su follaje al tiempo que su corteza se volvía más oscura y comenzaba a caer. Así, el Ayuntamiento encargó un informe técnico que confirmó lo que muchos pensaban, el nogal se estaba muriendo por la humedad, los hongos y otras especies de xilófagos. El consejo era retirarlo cuanto antes para intentar someterlo a un proceso de secado para salvar su madera.
A lo anterior había que unir el peligro que suponía, por lo que el Pleno acordó sacarlo de la plaza con el fin de conservarlo. El Ayuntamiento, presidido entonces por el desaparecido Juan Manuel Goikoetxea, quiso dar solemnidad al acto. Así, en domingo y al mediodía, la corporación acudió en comitiva con la Banda Municipal de Txistularis y portando la bandera local, que se saca en ocasiones contadas. Tras un aurresku, no faltó un zortziko en torno al árbol, al igual que se hizo durante siglos. También se leyó un poema que Javier Goikoetxea dedicó al nogal. Después, con el Agur Jaunak de fondo, fue el momento de que una gran grúa lo alzara al aire, cinco toneladas de peso y siglos de historia que fueron depositados sobre un camión destino el parque de los bomberos para su tratamiento.
De 350 años de edad, según lo dató Ulibarrena, se decía que el nogal era de un médico local, Don Román, y pasó a ser administrado por la Cofradía de San Antonio, que con la venta de sus nueces cubría buena parte de sus gastos
Testigo mudo de la vida de Altsasu, el nogal era punto de encuentro de fiestas y tradiciones. Era el lugar mas solicitado las soleadas mañanas de conciertos y también los días de lluvia en los que los altsasuarras no dejaban de bailar. Además, había una norma no escrita, que en torno al árbol solo bailaban las parejas formadas.
LEYENDAS Arraigado en el corazón de los altsasuarras, estaba rodeado de leyendas, entre las que destaca la de árbol justiciero. “A aquel que debía ser castigado, le seguían sus raíces, que decían que se extendían por todo el mundo. Las raíces le levantaban el suelo de su casa e incluso le seguían hasta el cementerio, rompiendo su tumba”, recordaba Enrike Zelaia.
“El nogal para los altsasuarras en más que un árbol. Es algo mágico y nuestra memoria histórica”, señaló el akordeoilari, uno de los artífices de la escultura que realizó Ulibarrena, de nombre Raíces alsasuarras. “En un principio se pensó en disecarlo de alguna manera, pero no se podía. Estuvo dando tumbos y pensé que José Ulibarrena podría hacer algo”, apuntó.
El resultado fue una escultura en dos partes. La primera recoge la esencia de la identidad altsasuarra: fuertes y arraigadas costumbres, mitología, naturaleza, deporte y música, en palabras de Zelaia. Así, se muestran 28 elementos que representan la feminidad, la masculinidad, la agricultura, el ferrocarril, la herrería, las cuevas, el pensador, el cantante, la Barga, el animal polimorfo, tres músicos, un alma en pena, el basajaun, el arrano, la lamiña, la cabra, la dama, la bruja Mainamikirri, el rey Garzia Ximenez, el ciclismo, el sembrador, las cumbres altsasuarras, el pelotari, la siega, artesanía, el momotxorro, el sol de noche, la divinidad y el mundo carnavalesco.