Berriozar planta una semilla por la integración
De la mano de Lantxotegi, veinte jóvenes migrantes han participado en labores de agroecología en el pueblo y han logrado salir de su situación de calle
“Nosotras venimos de Galicia, de Andalucía, de La Rioja... ¿Cómo no vamos a acoger a estos jóvenes, si nosotras también somos migrantes?”. Carmen Ferro Castro, al igual que otras muchas mujeres de la Red de Mayores de Berriozar, emigró hace 60 años desde otra comunidad autónoma hasta el municipio navarro, en busca de una vida mejor. Ahora, gracias al proyecto Agrolantxo, promovido por la Asociación Lantxotegi Elkartea, Carmen puede devolver a veinte jóvenes de Marruecos, Argelia y Nigeria, la hospitalidad que Berriozar un día tuvo con ella.
En 2024, la plataforma solidaria puso en marcha este programa con el fin de colaborar con la inserción sociolaboral de doce –que han terminado siendo veinte– jóvenes migrantes que vivían en la calle. La iniciativa, que les ha ofrecido formación en agroecología, clases de castellano y acompañamiento durante los trámites administrativos, ya está recogiendo sus frutos: desde finales de 2025, todos cuentan con un techo bajo el que vivir y, a excepción de uno, todos ellos disponen de una renta con la que costearse una habitación, comida y transporte.
Como parte del objetivo de Lantxotegi de “convivir, y no solo coexistir”, estas personas llevan meses colaborando con distintas entidades educativas y con la Red de Mayores de Berriozar. De esta última colaboración entre perfiles, a primera vista, tan opuestos, han surgido los vínculos afectivos “más bonitos y fuertes” del programa, según Mikel Izurzu, coordinador de proyectos de la asociación, porque sus historias han resultado tener más en común de lo que parecía.
De migrantes a profesores
Los veinte jóvenes, tras haberse formado en agroecología, han acudido a la escuela Mendialdea I, a la ikastola Mendialdea II y al Instituto de Berriozar, para asesorar a los estudiantes en el cuidado de sus huertos. Como explica Izurzu, generalmente, “entendemos la figura del migrante como alguien en desventaja”. Sin embargo, en esta ocasión, al ser ellos quienes ayudan a los alumnos con las labores de jardinería, “cambian de papel y se convierten en expertos, en referentes”.
En otras palabras, y según ha querido añadir esta mañana Menchu Andrade, responsable de agroecología, durante la presentación del programa, “esto enseña a los estudiantes a ver con normalidad que su profesor de huerta tenga un acento y un aspecto diferentes y se llame Mohamed”. A la vez que los veinte jóvenes “han podido cultivar sus propios vegetales para sus almuerzos”, los niños y adolescentes de las escuelas “han visto a personas migrantes alejadas de la subalternidad” y esto, insiste Izurzu, “cambia la imagen que tienen sobre ellos”.
"Traen historias rotas"
Durante los procesos migratorios, la dimensión emocional de los jóvenes se ve muy perjudicada. En ese sentido, reconoce el responsable, “vemos muchas carencias afectivas en estos chavales porque se enfrentan a duelos muy duros, discursos de odio y barreras estructurales que no les dejan integrarse”. Para mejorar su bienestar emocional, las actividades de Agrolantxo se complementan con Kalan, un proyecto que, en colaboración con el Programa Innova de Fundación Caja Navarra y Fundación la Caixa, pone las emociones en el centro.
Alba Sanz, una de las profesionales de Kalan, cuenta que estas personas traen “historias rotas y llenas de heridas que no se pueden superar en solitario”. Por ello, en Lantxotegi apuestan por curarlas de manera colectiva en entornos donde “nos pasamos todo el tiempo hablando de qué sentimos, por qué lo sentimos y qué hacer con ello”. Mediante estas sesiones, “los jóvenes pasan de creer que son un problema a sentir que son parte de la solución”, revela Sanz.
Ser parte de algo
En la presentación de los proyectos, Brahim Zguiti, un joven marroquí que participa en los programas, ha querido mostrar su agradecimiento hacia las oportunidades que le han sido brindadas. “Esto me ha hecho sentir útil, escuchado y valorado. He aprendido sobre mí mismo, he crecido como persona y me he sentido, por fin, parte de algo”, decía.
Según ha intervenido un vecino de Berriozar durante el acto, las personas mayores del municipio, al igual que estos jóvenes, también tuvieron que alejarse de sus hogares, solo que estos estaban en otras comunidades autónomas, y no en otro país. Por ello, ha considerado, “no es difícil conjugar la solidaridad, porque venimos de ella, pero necesitamos recordarlo”.
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