Marcilla sembró este martes la primera semilla de lo que esperan que sea un movimiento colectivo en la zona para intentar retrasar la entrega del primer móvil entre los y las menores. El IES Marqués de Villena acogió una charla a cargo de Miren Ros, de Bidelagun, en la que explicó el proyecto Altxa Burua, de la CAV, con el que reclaman entornos escolares libres de móviles y una respuesta institucional ante lo que consideran un problema de salud pública. Siguiendo con el paso que dieron en Villafranca, a la cita acudieron miembros de los Servicios Sociales de Base, la promotora escolar de Marcilla y Peralta, representantes de las Apymas y de los equipos directivos de los colegios de Marcilla, Caparroso, Milagro, Villafranca y Cadreita (de Falces no fue nadie, pero también están interesados), así como del IES de Marcilla.
De acuerdo con Mónica Sanz, directora IES Marqués de Villena, “la charla versó sobre cómo generar conciencia en las familias y sobre cómo impulsar grupos motores, además de un equipo de coordinación, para que haya un movimiento en cada pueblo y que después todos y todas lleguen al instituto con la misma dinámica. Los colegios están dispuestos y muy por la labor, así como las Apymas, pero es muy importante que las familias se impliquen”.
Y es que, tal y como comentó Miren, “en la ESO se juntan en Marcilla jóvenes de diversas poblaciones y es necesario trabajarlo en cada centro y en cada pueblo”. En su caso, desvela, “nos juntamos familias que compartíamos una preocupación, que era el uso y abuso de la tecnología a edades demasiado tempranas, y de eso hace ya siete años”.
El ejemplo de Altxa Burua
Empezaron por la propia entrega de los smartphones a los txikis. “Vimos que era demasiado pronto y nos planteamos retrasarla. Hasta ahora lo normal era que se les diese el móvil en el paso de Primaria a Secundaria, a los 11 o 12 años, y gracias a Altxa Burua lo estamos atrasando a los 14 o 15 años, pero cuesta mucho, muchísimo”.
Para ella, insiste, “es importante retrasar esa entrega del móvil porque los chavales no están preparados para hacer un buen uso de la tecnología. Es imposible que lo hagan; biológicamente su cerebro no está lo suficientemente desarrollado. Incluso a las personas adultas nos cuesta hacer un buen uso de un dispositivo que, tenemos que recordar, no es una herramienta neutra, es una herramienta que ha nacido para crear adicción y en la que todo está diseñado por gente experta en consumo, en adicciones, etc”. Y, ese retraso, debe ir acompañado de una formación “con el objetivo de que, para cuando tengan su aparato, ya haya un bagaje; como se hace con otros temas como el consumo del alcohol o el carné de conducir".
Cuando empezaron “se reían y nos trataban de frikis y hoy estamos hablando de que a nivel legal en diferentes países están poniendo una edad mínima para poder acceder a todas estas plataformas; y que aquí en España, parece que algo va a pasar también. Hoy en día hay más estudios y los terapeutas, psicólogos y profesores están viendo que hay un problema terrible de salud pública. No son casos aislados, sino que es algo que se está repitiendo muchísimo”.
Reconecta Villafranca
En Villafranca, como van más avanzados, van a proporcionar material, folletos y encuestas al resto de las poblaciones y, a su vez, Ros les entregará una guía de principiantes. De hecho, cuenta Alejandro Arrondo, de la Apyma de esta localidad e integrante del colectivo Reconecta Villafranca, que la iniciativa surgió hace un año “porque a un grupo de padres y madres no nos parecía ni beneficioso ni razonable dar móviles con 9 años; es abrirle una puerta a un millón de problemas que no deben tener. Nuestro objetivo es retrasarlo hasta los 16 años, es ambicioso, pero ahí vamos. Resulta más sencillo si el entorno y las familias con las que van los chicos y chicas lo hacen. Al no tener aparatos hemos visto un cambio total de actitud. Ya no se sientan en un banco y se ciegan con las pantallas, sino que juegan”.
En Villafranca, que además de una encuesta hicieron un concurso de logos, van a implicar también a la red de comercios. “La iniciativa ha gustado y está claro que tiene que ser algo global, pero es un acto voluntario y debe nacer de las familias”.
Una hoja de ruta común
De momento, apostilla Mónica, “nos hemos juntado para crear este movimiento, que sea algo conjunto y que el discurso sea el mismo”. Y es que en septiembre entrarán al centro unos 200 alumnos y alumnas nuevas. “En el instituto está prohibido llevar el móvil; no se registran mochilas, pero si detectamos alguno, se les retira, a cualquier edad. Estamos hablando de retrasar la edad a quienes no lo tienen todavía, y de concienciar o formar en torno al buen uso del mismo a quienes ya lo tienen. Es una barbaridad lo que se hace en redes sociales; el bullying, el acoso… Es algo que no pasa en el centro, pero que aquí lo vemos”.
Por este motivo, “iremos haciendo pequeñas acciones que vayan calando y, dentro de la hoja de ruta, el próximo 11 de marzo, que será la reunión de acogida del nuevo alumnado, se hablará de este asunto porque es fundamental el apoyo de las familias; es un movimiento que tiene que partir desde ahí. Creemos que no es tan difícil cambiar esa rutina, pero hace falta que todos y todas lo hagan”.