Fusilados fueron algunos. También hubo medio fusilados. Así el cura medio rojo de Pitillas. La Junta Carlista mandó ir a por él, es de temer que para juzgarlo y fusilarlo; pero los fervorosos combatientes de la Cruz que lo traían le pegaron por el camino cuatro tiros y lo dejaron insepulto en una cuneta tras robarle los zapatos. Civiles criminalmente rematados en las cunetas de la retaguardia navarra hubo miles. El coronel golpista del regimiento América, José Solchaga, sabía diferenciar. Fusilamiento es el procedimiento militar por el que de manera sumaria se juzga y ejecuta a un combatiente. Queda constancia de la muerte a todos los efectos, incluidos los legales y sentimentales. Además, al fusilado no se le roban los zapatos. Legalmente, los civiles rematados en las cunetas pasaron a ser "desaparecidos". De ahí la apropiación de su calzado y el expolio de sus bienes. Sentimentalmente, hoy es el día en que hay familiares que no saben dónde poner unas flores a sus "desaparecidos". En agosto de 1936, el levantisco y desleal coronel Solchaga amenazó con fusilar a quien rematase a un civil en una cuneta. Lejos de cumplir su palabra, cayó con el regimiento América sobre los defensores norteños de los derechos constitucionales. Pamplona les rindió un sonado homenaje. Con la dictadura, Solchaga dio nombre a un ambulatorio. Como ese era un honor democráticamente impresentable, el ambulatorio se llama San Martín. Al menos mientras no decidan volver a la denominación primera quienes mantienen en el callejero a golpistas como Rodezno o propician el recuerdo de Solchaga y las gestas nacionalcatólicas de su regimiento. El mismo regimiento que en 2014 peregrinó y oyó misa en Javier.
- Multimedia
- Servicios
- Participación