Aralar es una joya de lanaturaleza que los vascos, guipuzcoanos especialmente, aman y valoranpositivamente por su alto valor medioambiental e incluso por elsignificado que tiene para nuestra cultura por lo que se ha erigidoen un símbolo de lo nuestro que trasciende lo meramente natural y/omedioambiental y se ha transformado en un mito que alcanzareflexiones y planteamientos del ámbito socio-político.
En estos momentos, Aralar estásiendo el escenario de una cruenta batalla que se libra de formasoterrada, sin mostrar públicamente las armas y que aflora a laescena pública de vez en cuando. Por una parte están losbaserritarras que con su trabajo diario, el cuidado de su haciendaganadera, con el pastoreo y con la gestión sostenible del territorio(el Parque de Aralar alcanza las 11.000 hectáreas) son losverdaderos gestores y garantes del actual estado del monte y por lotanto, los principales guardianes de que Aralar siga siendo pormuchos años más, un territorio tan valorado por la sociedad engeneral pero ni debemos ni queremos olvidar que el resultado obtenidono es algo espontáneo sino el fruto y consecuencia de la acción delas personas que se dedican a la actividad ganadera (en el 2017subieron al Parque 19.677 ovejas, 1.303 vacas, 1.031 yeguas y 188cabras) y forestal, ósea, a la acción humana. Junto a ellos estáuna gran parte de la sociedad vasca que sabe valorar los beneficiosaportados por estos baserritarras y que quieren que sigan, al menos,como hasta ahora y a poder ser, en mejores condiciones para asíasegurar su proyección futura.
Por otra parte, están losradicales del conservacionismo que abogan por un silvestrismo alocadodonde desaparezca la acción humana en el territorio y se eliminen dela faz de la tierra todas las actividades gestionadas por laspersonas y que no resulten, todo lo natural y espontáneas que elloquisieran. Son aquellos que prefieren que, sin decirlo explicita ypúblicamente, se de un abandono paulatino de la actividad ganadera yconsecuentemente, el terreno sea invadido por la maleza que,espontáneamente, irá ganando presencia y cuerpo hasta derivar enuna masa boscosa densa, compacta e impenetrable donde el ganado y laspersonas sean expulsadas y la fauna salvaje y las llamas pasten a susanchas.
No todos los conservacionistas,como se imaginarán, están en estas tesis. Los hay más razonablesque desde un planteamiento sólidamente conservacionista son capacesde conjugar la conservación con la acción humana, en este caso conla actividad agraria y que son conscientes que las consecuenciasmedioambientales de las exigencias de infraestructuras demandadas porlos baserritarras son infinitamente menores que los daños queocasionaría el abandono de la actividad. Por ello, no conviene,mezclar latxas con merinas y debemos ser justos en nuestros análisis,separando la paja del grano y diferenciando a los conservacionistasrealistas de los conservacionista radicales.
Conviene por otra parte, no seringenuo y tener en cuenta que estos radicales cuentan con el amparo ysostén de fuerzas políticas como EHBILDU y PODEMOS que dejan bien alas claras su opción por una conservación pura, donde la acciónhumana se lleve a su mínima expresión y, a poder ser, los espaciosprotegidos sean verdaderos desiertos donde el humano no pueda entrary si lo hace, lo haga para pasear y solazarse con alguna mariposa.Ambos partidos comparten diagnóstico y estrategia en esta aspectopero, dado el diferente peso político y la presencia institucionalque cada uno de ellos tiene en los diferentes niveles deresponsabilidad, con fuerte presencia de EHBILDU en los municipios yMancomunidad frente a una PODEMOS limitada casi exclusivamente aJuntas Generales, creo que es de justicia destacar sobremanera elperjuicio y daño ocasionado por EHBILDU a los baserritarras (muchosde ellos votantes habituales suyos) que viven y trabajan en la sierray con ello, a la montaña misma.
Personalmente me he llevado unagran alegría estos días al saber que un trabajo del investigadorIñaki Odriozola Larrañaga, titulado “Euskal mendiak: herbiborohandiek zizelkatutako paisaiak” (“Montes vascos: paisajesesculpidos por grandes herbívoros”), ha sido galardonado con elpremio especial NEIKER, en el marco de los premios CAF-Elhuyar dondeeste investigador doctor experto en biodiversidad, funcionamiento ygestión de ecosistemas, trata de comprender los efectos del pastoreomixto (ovejas, vacas y yeguas) en el paisaje y la biodiversidad de laSierra de Aralar llegando a la conclusión de que la gestión delganado tradicional de modo sostenible es esencial para laconservación de los pastos de montaña. El trabajo se ha centrado enel paisaje y la biodiversidad, aunque mide otros parámetrosinteresantes como la temperatura de la tierra y otras muchascuestiones técnicas que, lógicamente, obvio en este escrito.
No es el primer trabajo que ahondaen las externalidades positivas de la actividad ganadera para elterritorio y el medio natural. Confío en que no será el último.Deseo, por otra parte, que estas opiniones sean tomadas enconsideración y que con ello logremos arrebatar a estos radicales dela conservación el mensaje que pretenden trasladar a la sociedad(ellos son los que abogan por la conservación mientras los ganaderossólo miran por sus intereses privados) y así, seamos capaces deconvencer a la sociedad que los baserritarras son, en verdad, losverdaderos ecologistas.