Ha sido noticia esta semana el hecho de que un periodista de deportes de la cadena Cope en Madrid montó un audio del seleccionador nacional de fútbol cogiendo varios audios para dar una frase manipulada de Luis Enrique para que, a su juicio, así aún cayera peor, aunque no sé si tan peor como les cae a la gran parte de los integrantes de la egocéntrica sección de deportes de la Cope, que tienen al seleccionador tan enfilado que no hay día en el que no le den cera, con o sin motivo. El caso es que varios compañeros del manipulador pidieron disculpas, uno incluso le pidió que dimitiera, pero por ahora ahí sigue, aguantando el tirón. Es curioso lo que –ya sucedió con Javier Clemente– pasa con la selección española cuando quien la dirige no es alguien o criado en la Meseta Madrileña o castellana o muy bien relacionado con las emisoras y medios de Madrid. Si el entrenador en cuestión es alguien con el suficiente carácter –puede que incluso mal carácter– como para enfrentarse a la notable recua de hienas que pueblan la prensa deportiva –no todos, claro, pero mucho más que suficientes– tiene que tener muy claro que van a ir a por él a degüello, como le está pasando a Luis Enrique y le pasó a Clemente en su día. Son cosas por las que no pasaron Miguel Muñoz, Luis Suárez, el efímero Miera, Camacho, Luis Aragonés, el tranquilo Iñaki Sáez o Del Bosque. Tuvieron sus liadas, claro –terrible la campaña para que Luis llevara a Raúl– pero ni mucho menos enfrentamientos al nivel que hubo con Clemente o ahora con Luis Enrique. El asturiano, además, se ha abierto un canal de relación directa en internet con los aficionados –por Twitch– y eso aún les ha encrespado más, al punto de que circulan imágenes de famosos periodistas casi lamentando goles de España. Así está el patio por Madrid, acostumbrados muchos a creerse el ombligo del mundo y de todo cuanto sobre lo que informan.