El informe más reciente del Banco de España constata que la subida de los tipos de interés está haciendo mella en el endeudamiento de los sectores productivos, con una merma del mismo en las grandes empresas, porque pueden permitirse limitar la dependencia de financiación externa, y una exposición mayor de las pymes, cuyo músculo financiero está más expuesto. Tanto es así que las grandes compañías han dejado de acaparar la mayoría del crédito nuevo, pasando del 51,9% en febrero de hace un año al 42,6% en este. El endeudamiento es un indicio de la capacidad de inversión, aunque no el único. Es cierto que las grandes empresas han disfrutado hasta el último trimestre del pasado año de unos tipos que les han permitido financiarse con comodidad, pero no es menos que, con el escenario actual, el precio del crédito que pagan en el Estado es ya más elevado que el de sus competidoras europeas. Con todo, son las pymes las que mantienen una financiación crediticia constante y, en consecuencia, las que más expuestas están. En tanto la inflación, el gran objetivo de la estrategia monetaria, empiece a contenerse, cabe esperar que se relajen los términos de la financiación del tejido productivo pero, entretanto, las pymes pagan casi un 4% de interés y las grandes empresas un 3,82%, que es una referencia que no se veía desde el inicio de la crisis financiera de 2008. Las perspectivas empresariales no contemplan aún que la inversión se retraiga porque existe una expectativa de que los fondos europeos sigan fluyendo en tiempo y forma. Pero, de no ser así, no cabe duda de que el efecto tractor de los grandes generadores de actividad sobre los más dependientes de la misma acabaría viéndose afectado y esa sería una mala noticia para un tejido como el de la Comunidada Autónoma Vasca y la Foral Navarra, con tanto peso de sus pymes en la actividad y el empleo. Esto nos lleva a una doble demanda a los responsables de las políticas monetaria –el BCE– y de gestión de fondos europeos –el Gobierno del Estado–. Al primero hay que recordarle que puede acercarse el momento de acomodar el rigor al equilibrio entre contener precios y no lastrar la actividad, tan basada en el crédito como está. Al segundo, celeridad y una eficiencia en el tránsito del caudal de ayudas europeas que resulta mejorable.
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