Supón que conduces una motocicleta por una autopista congestionada; la velocidad es vertiginosa, el viento ensordece y, de repente, te das cuenta de un detalle aterrador: no tienes espejos. “En moto, a ciento veinte por hora y sin retrovisores. Es la sensación que mejor describe mi vida”. Así arranca María Garau su relato, una confesión visceral sobre el agotamiento crónico de quien convive con la alarma silenciosa del déficit de atención. A través de anécdotas cotidianas –como aquel día en que, dominada por la inatención y la impulsividad, terminó llevándose por error el teléfono de un desconocido tras alquilar un kayak–, en TDAH adulto, una vida sin frontal, explica el caos vital de un cerebro que lucha por gobernar sus propios estímulos.
Quién es
María Garau Rolandi es neuropsicóloga y psicoterapeuta integradora especializada en trauma. Trabaja en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y en la UTAE (Unidad de Trastornos del Aprendizaje Escolar). En su consulta privada Neuro&Psico lidera un equipo multidisciplinar dedicado a la salud mental y el bienestar emocional. Es docente en varias universidades y divulga la neuropsicología en redes sociales, en @mariagarauneuropsicologa.
¿Qué define un Trastorno de Atención e Hiperactividad-TDAH?
Contra los estigmas moralistas que confunden la dificultad ejecutiva con la holgazanería, en el libro desmitifico la voluntad humana desde la neurobiología. Nuestro lóbulo frontal actúa como el director de una orquesta sinfónica; si este pierde el compás, incluso los músicos más virtuosos desafinan. El TDAH no afecta a tu inteligencia. Eres perfectamente capaz, tienes recursos cognitivos; el fallo viene de tu competencia a la hora de gestionar esos recursos. Quienes sufrimos este trastorno debemos de despojarnos de la culpa, comprendiendo que la frustración diaria, los olvidos y la parálisis ante ciertas tareas responden a una escasez neuroquímica de dopamina, no a un defecto de nuestro carácter o a una falta de compromiso. Te haré un spoiler de la vida: la meritocracia, en nuestro caso, no existe. Aunque te esfuerces, te emplees en ello, los errores van a continuar existiendo.
Impaciente, torpe, despistado/a, distraído y sin concentración, impulsivo… ¿Estos adjetivos que aparecen en su libro no son un poco diagnóstico cajón de sastre?
Más allá de ser un manual clínico, estas páginas son un refugio literario y emocional contra el positivismo tóxico y la autoexigencia demoledora. La narrativa nos abraza en nuestra vulnerabilidad, recordándonos que el dolor del fallo continuado merece ser validado, no ocultado bajo el disfraz de un falso superpoder. No te voy a dar una clave mágica para que los elimines, ni tres consejos milagrosos para dejar de tener fallos. Mi objetivo es ir hacia el otro lado, hacia la aceptación. Hacia la mirada amable. Es un viaje de regreso a la autocompasión, donde aprender a vivir con un plan flexi-rígido que se convierte en el acto más profundo de amor propio y resistencia frente a una sociedad hiperestimulada.
La genética como explicación está muy en boga. ¿En TDAH, cuánto es genética y cuánto la epigenética de los hábitos, el entorno familiar y social?
Cuando tienes una serie de genes y entran en ese ambiente hacen que se exacerben más y haya mayor intensidad en la transacción de esta genética; el ambiente será como el detonador de estos genes, cuál va a ser el ambiente que se ha descrito para que se intensifique esta sintomatología. Por ejemplo, un ambiente en el que haya consumo de tóxicos, o cuando hay traumas o un evento impactante emocionalmente va a implicar una desregulación del sistema nervioso que genera una intensificación de los síntomas de TDAH. El ambiente tiene un impacto importante en esta genética.
¿Por qué nos suelen presentar el TDAH como el boleto para el fracaso? ¿No se usa con demasiada frecuencia como excusa insuperable de ese fracaso?
Es verdad que se ha descrito que puede haber mayor fracaso escolar en un niño/a con TDAH que en otro que no lo tiene. Sin embargo, esto no es un criterio de diagnóstico del trastorno. Cuando ponen nombre a lo que te sucede te dan una justificación a tu comportamiento, pero tienes que responsabilizarte de esa sintomatología que te permite entender y comprender muy bien cómo funciona tu organismo. Esto hace que te mires de otra forma. De observarte de manera autocompasiva puedes pasar a contemplarte desde el amor al saber por qué actúas o ejecutas de una forma distinta a otras personas. El diagnóstico no es para excusarte de tus actuaciones, sino para tener la información y poder trabajar e intervenir en tu vida y convivir de forma amable con los síntomas del trastorno.
¿Cuál es el porcentaje de afectación en la población? ¿Es similar en hombre y mujer?
Un 8% de la población lo padece y el 3% seguirá con los síntomas también en la edad adulta. No es que en la adultez se elimine el TDAH, sino que pueden remitir e ir compensando sus manifestaciones y hacer que en el día a día su impacto pueda ser menor. En cuanto al género, en el hombre la señal que más predomina es la hiperactividad. Esto hace que se note más y que se diagnostique antes, mientras que en las niñas el perfil es diferente, ellas pueden estar en clase aparentemente escuchando, muy responsables, aplicadas y tranquilas. Como son indicios que pasan más desapercibidos, el diagnóstico es más tardío y se suele acabar consultando al especialista por otras conductas, por ejemplo, por síntomas de perfeccionismo que concluyen en comportamientos de angustia y estrés.
"En la adultez no se elimina el TDAH, pero puede remitir y su impacto ser menor”
¿Se detecta bien, a tiempo? ¿Por qué se escuchan tantas voces cuestionando el exceso de diagnóstico de TDAH?
Dentro de la comunidad científica no se cuestiona. El problema es que la sintomatología es cognitiva y conductual. La cognitiva implica dificultades funcionales y en la planificación. Y en la conducta conlleva problemas en la impulsividad y la hiperactividad. La conductual es cómo te comportas; normalmente pensamos que el comportamiento está sujeto a la voluntariedad, que actúas impulsivamente porque quieres. Por eso, hay una sensación de que te lo estás inventando, pero es una parte química, orgánica del cerebro, lo que impulsa a actuar de esa forma. Ahora se detecta antes, porque hay más conciencia, y eso es positivo porque tienes más información sobre tu organismo y tu funcionamiento, y eso hace que entiendas mejor cómo funciona. A la consulta nos llegan pacientes con diagnóstico tardío de TDAH, que a lo largo de su vida se han ido enfrentando a situaciones que han confrontado toda su sintomatología. El mensaje que envían estos pacientes es que otra vez han vuelto a fallar, teniendo un concepto negativo sobre ellos mismos por cómo se relacionan con el trabajo, con la pareja, su entorno.
¿Tiene alguna incidencia, comorbilidad, con otras patologías físicas y/o psíquicas?
Cuando tienes un trastorno del neurodesarrollo hay más probabilidad de tener otros. Sí hay mucha comorbilidad, problemas con el aprendizaje, dislexia, ansiedad, depresión, trastornos obsesivos compulsivos y cuadros psiquiátricos, entre otros.
¿Cómo se suele tratar: fármacos, psicoanálisis, terapia comportamental…? ¿Y se puede curar o estará ahí como compañero-sombra en las fatigas y vivencias toda la vida?
No se cura; se aprende a convivir con él. En el tratamiento hay cuatro patas. Una puede ser la farmacológica, que ayuda en algunos momentos de la vida. Otra intervención es la neuropsicología. La tercera es la necesidad de trabajar los niveles de ansiedad para evitar fallar. Y en cuarto lugar está la influencia del estilo de vida, con un importante impacto de los hábitos saludables.
Dieta saludable, sueño reparador y ejercicio moderado sostienen una buena salud. ¿Qué le añadiría a una persona con TDAH para que viva razonablemente bien (sano)?
Es importante una alimentación equilibrada y hacer una intervención en los tipos de alimentos que hay que comer, por si se precisara alguna suplementación para que el impacto de la sintomatología fuera menor en el organismo. Y no solo es suficiente hacer ejercicio, sino también combatir el sedentarismo, porque si tienes una vida inactiva, impacta negativamente. La clave está en tu día a día.
Me llama la atención una palabra que usa con profusión en su libro: Aceptación. ¿Es fácil para alguien con TDAH aceptarse como se es, ni listo ni tonto, sino todo lo contrario?
La aceptación es como la guinda del pastel; es el objetivo sobre el que tenemos que ir trabajando, y es de lo más complejo porque implica aprobarse con tus luces y sombras. Pero no solo en estos pacientes, sino en cualquier persona. Esta expresión de que hay que sacar la mejor versión de ti mismo no es verdad; hay que sacar todas las versiones porque todas son parte de ti para evitar estar en guerra contigo permanentemente. Hay que trabajar todas las partes de la persona que forman tu esencia.
Se tenga o no TDAH, nadie quiere sufrir ni por activa ni por pasiva sus consecuencias. ¿A quién dirigiría en especial sus prácticas recomendaciones?
Este libro está pensado para quienes acaban de recibir un diagnóstico, sospechan que podrían tener TDAH o quienes conviven con alguien que lo tiene. Los lectores encontrarán una revisión clara y accesible sobre lo que la literatura científica sabe hoy sobre el TDAH en adultos, desmitificando mitos y desmontando prejuicios. También es útil para los profesionales que quieren entender mejor a sus pacientes, porque ofrezco estrategias prácticas y orientaciones para comprender, aceptar y convivir con el TDAH sin luchar contra él. Más allá de etiquetas y manuales, lo que hallarán es un relato cercano y honesto sobre lo que significa vivir con TDAH, y una invitación a mirarse con más comprensión y a transformar la dificultad en una forma distinta y valiosa de estar en el mundo.