A finales de este mes de mayo, Aitor Sáez de Jauriel –navarro de 26 años–, saldrá de las instalaciones de Proyecto Hombre después de que hace nueve meses –el 19 de abril–, ingresara por un problema con el alcohol. Llegó tras varios años en los que esta droga se había convertido en una rutina. "Es lo que tiene si llevas bebiendo desde los 12 años", apunta con cierta distancia.
De alguna manera, el alcohol –y quizá las malas compañías– lo fueron ocupando todo poco a poco y en silencio. Por esta razón, cuando sintió que "había tocado fondo", solicitó ingresar para tratarse. "No fue por un motivo en concreto, sino por la acumulación y el desgaste. Llegó un punto en el que la vida dejó de ser sostenible", confiesa. Y quizá eso se relaciona con el nacimiento de su hija, hace apenas un año y medio, con la que ha podido estar muy poco tiempo debido al tratamiento, pero por la que se está esforzando para estar bien, seguir adelante y que, ya en nada, llegue el día en el que la pueda coger en brazos y no soltarla nunca más. "Tengo muchísimas ganas de verla", sonríe y no añade más porque tampoco hace falta.
Recuperar las rutinas
Durante estos meses en el centro, el cambio ha pasado por volver a hacer cosas concretas, como recuperar las rutinas de las que el alcohol le había privado. "Cuando salimos con la bicicleta, me siento muy fuerte y es algo que disfruto mucho porque nos pasamos horas y horas en el campo, con unas vistas fantásticas. Y eso me hace sentirme muy bien", afirma. Y, con respecto a la recta final, asegura que siente entre respeto y vértigo. Porque sabe que con su salida no se cierra una etapa, sino que empieza una nueva en la que deberá estructurar su vida de acuerdo con las herramientas que ha ido incorporando. Y, entre otras cosas, lo que ha aprendido es que sabe muy bien cuáles son los grupos de apoyo que tiene fuera del centro, de los múltiples recursos de los que seguirá disponiendo, de que tiene una red fuera que no le va a dejar de lado. Y en cuanto a los elementos clave: evitar lugares, personas y dinámicas que no han ido con él al centro –como sí lo ha hecho su familia y su pareja para apoyarle–: "Aquí te das cuenta de quiénes están de verdad y quiénes no", apunta. Y tiene razón. Porque después de esto aparecerá un nuevo relato, con él y lo que ama como protagonistas.