Después de que el pasado enero de 2026, la asociación Proyecto Hombre trasladara su comunidad terapéutica hasta Oteiza de Berrioplano –en concreto, al Monasterio de la Sagrada Familia de Burdeos–, ya empieza a fraguarse un nuevo proyecto en el que, a partir de las próximas semanas, el proyecto contará con dos subcomunidades, de tal manera que las mujeres tendrán un espacio exclusivo para ellas en el que se sientan "más seguras y más propio. Esta casa nos permite tener dos comunidades con las que se sientan mucho más cómodas porque llegan con unas circunstancias muy distintas a las de los hombres", explica Alfonso Arana, director saliente de Proyecto Hombre. Así, los 3.600 m2 cuenta con varios niveles, en los que se encuentran las habitaciones para los residentes del centro –en este momento, hay 13 mujeres y 28 hombres–, salas de encuentros, asambleas y formaciones, en las que "podemos expresar lo que sentimos al resto de compañeros; nadie devuelve y nos sentimos en calma", expresa una de las usuarias, zona de lavandería, gimnasio, salas de descanso y unas maravillosas vistas de las que poder disfrutar, entre otras cosas. Así, el objetivo es de esta comunidad es que a través de estas comunidades se saque el máximo potencial de las personas usuarias en un espacio que sientan como una casa.

El perfil de los usuarios

A pesar de que el alcohol forma parte de la vida ordinaria de muchas personas, no hay que olvidar que se trata de una droga que puede generar adicción, de ahí que el 35% de los usuarios de Proyecto Hombre han tenido problemas con el alcohol o con estimulantes –como cocaína o speed–, seguido de otras drogas como cannabis (15%), aunque este año ha disminuido a un 9%. Por otro lado, se encuentran las personas que presentan algún tipo de adicción a psicofármacos, heroína o ketamina (en algunos casos más puntuales). "Cuando hacemos el diagnóstico, vemos que el 75% de las personas tienen problemas de alcohol y que hay múltiples factores que afectan al desarrollo de una adicción", apunta Cristina Illescas, directora entrante de la comunidad.

La puesta en marcha de esta subcomunidad femenina no ha sido una decisión improvisada, sino que "llevábamos mucho tiempo queriendo mejorar este proyecto, y la oportunidad de dar este espacio es más ilusión que otra cosa", reconoce. La diferenciación de espacios responde a que las necesidades de las mujeres son más específicas. "Hemos trabajado cuestiones de perspectiva de género, adaptar tratamientos y hacer terapias diferenciadas –el 20% de las usuarias son mujeres– porque antes era contraproducente, ya que las necesidades de ellas son distintas a las de ellos", indica Illescas. "Hemos visto que los motivos por los que se desarrolla una adicción, por qué se mantienen o, también, que las historias son muy distintas a las de los hombres", añade. Es decir, ellas asisten en casos mucho más extremos porque, en la sociedad, el estigma es mucho mayor. "Está más castigado y peor visto que una mujer acuda con problemas de consumo que un hombre, y eso hace que ellas mismas o su entorno tarden mucho más en admitirlo. Así, desarrollan durante mucho más tiempo la problemática"

Junto a ella, Jacqueline, directora de todo el proyecto –que abarca tanto el programa ambulatorio como el de prevención–, subraya que el cambio responde a años de trabajo previo: "Toda la intervención con perspectiva de género ha sido un proceso largo, para afinar más". Asimismo, las trabajadoras del centro también han visto muchos casos de ingreso por violencias sufridas, "que hay que trabajar con mucho más cuidado y en un entorno distinto". Por su parte, Arana agrega que estas mujeres suelen llegar a Proyecto Hombre con una red de apoyo familiar mucho menor. "Los varones llegan con sus madres, hermanas o parejas, pero ellas vienen solas y más mayores". Y, por si fuera poco, también hay muchos casos en los que ellas anteponen los problemas de sus seres queridos a ellas mismas. "Nos cuesta más dar el paso, pero luego lo hacemos", dice una usuaria.

Atención personalizada

El resultado práctico de la nueva subcomunidad será tangible desde el primer día. Las mujeres contarán con una psicóloga propia y dos terapeutas exclusivas para ellas, lo que se traducirá en sesiones diferenciadas y adaptadas a sus circunstancias. "Vamos a estar más atendidas, más acogidas a la hora de tener terapia", valora una de las residentes. Para el centro, sin embargo, el esfuerzo tiene un coste real. "Tenemos que aumentar los recursos, y eso está en nuestra debilidad siempre, admiten desde la asociación. Pero era una apuesta en la que no podían fallar por sus usuarios, que atienden 78 ingresos en la comunidad (176 en el ambulatorio y realizan unas 300 atenciones al año a familiares) y porque en Navarra no "hay una cosa igual", sostiene.

Asimismo, estos primeros pasos hacia una atención diferenciada ya han empezado a dar frutos. Primero, con estas nuevas instalaciones, que permiten a todos los residentes, varones y mujeres, salir a la calle, caminar en bicicleta durante horas o descansar. Pero también a través de actividades de teatro. En ese sentido, recuerdan que, durante tres martes consecutivos, las mujeres de la comunidad han participado en sesiones actividades fuera del monasterio, impulsadas por la Fundación Valdehorte y Fundación la Caixa. Y, de alguna manera, lo que se consigue no es otra cosa que generar un espacio de paz, en el que predomina la unión entre los compañeros, los trabajadores y sus terapeutas para que, entre todos ellos, este camino de nueve meses sea mucho más sencillo. Donde puedan adquirir herramientas de todo tipo y recuperar una autonomía que habían perdido. Y, todo ello, sin el miedo de un estigma que prevalece en la sociedad porque no se percatan de que el mayor acto de valentía consiste en pedir ayuda