Es imposible vivir y trabajar en Pamplona o Comarca y concentrarse en otra cosa que no sea la fiesta. Lo siento por el duelo de titanes de ayer noche en la Sexta y otros actos de campaña electoral. Hasta el 15 no se procesa nada que no tenga que ver con la liturgia de comidas, lavadoras, quedadas, etcétera. Todo lo demás es el verdadero ruido. De hecho aún no doy crédito a los partes de heridos en el encierro, de incidencias y de agresiones de este último fin de semana con casi un millón de personas, cinco veces la población de Iruña.
Parece un milagro que instituciones, cuerpos policiales y, sobre todo, la propia sociedad civil sea capaz de mantener tanto orden en medio del caos. Los que pensábamos hace tres años que la pandemia nos iba a cambiar la vida nos equivocamos. Volver a ver los coches tirados por la Magdalena y gente durmiendo por los parques resulta hasta reconfortante.
Y conocer a personas como Tom V. de 19 años, que llegó de Nederland el pasado día 9 en avión (hasta Bilbao), se aloja en casa de unas amigas de Sarriguren y no conocía los Sanfermines. Alucina con el ambientazo y con la solidaridad entre la gente.
También con las cientos de personas que salieron ayer a la calle, incluidas las peñas, en rechazo a la agresión sexual denunciada por una mujer y que demuestran el grado de concienciación de esta ciudad contra la violencia sexual y a favor de la igualdad. Una lucha que ningún partido logrará retroceder.