Cuando me conecto con aquello que se llamó Nuevo Periodismo norteamericano y que me seduce mucho, aparecen bailando, siempre envueltos en un humo denso atravesado por las luces nocturnas de Nueva York, Nueva Jersey y Nueva Orleans, los mismos nombres y apellidos. Tom Wolfe, Truman Capote, Norman Mailer, Gay Talese, Hunter S. Thompson... A los primeros los leí; a los de en medio, aún no, y al último lo descubrí viendo la lisérgica película basada en su libro homónimo Miedo y asco en Las Vegas. Se suicidó hace veinte años. Johnny Deep, que le interpretaba en esta película, financió un funeral que fue una fiesta y culminó con sus cenizas disparadas hacia las nubes por un cañón y un bar que, una vez entraron los trescientos asistentes, se cerró. Después de haber exprimido a conciencia el jugo de muchas vidas, a los 67 Hunter se aburría, el cuerpo le había empezado a pasar factura y se pegó un tiro.

Resulta que en aquel grupo pionero de demiurgos creadores de una nueva manera de narrar también estaba la californiana Joan Didion. Comenzó a trabajar como periodista, novelista y ensayista en los años 50. Leo en un artículo que imprimió una profunda huella en la sociedad norteamericana del momento. En otro que se la conoce por su estilo quirúrgico. Y en un tercero, que su prosa era muy lúcida y sus descripciones del malestar social y psicológico del momento, incisivas. Ella entraba en su escritura. Al relato tradicional de los hechos añadía narración libre, su propio análisis de la realidad, sus emociones y algo de ficción. Aquel Nuevo Periodismo. Esta semana en la Librería Pública de Nueva York se han abierto al público las 336 cajas con el material que compartía con su marido, también escritor. Ahí están las notas que le escribió desnudando sus sesiones con el psiquiatra, que se van a publicar bajo el título Notas a John. Suya es la cita “La vida cambia al instante. Te sientas a cenar y la vida tal y como la conoces se acaba”. Apetece descubrirla.