Afortunadamente, nos queda la ignorancia. A los humanos, me refiero. La certeza de nuestra ignorancia, profunda en muchos casos entre los que me incluyo, es lo que posiblemente nos salve de caer en la egolatría sin límites y en asuntos de ese estilo e incluso en algunos casos positivos nos empuje a sentir alegría al conocer nuevas cosas e incluso curiosidad y afán por aprenderlas. Supongo que algo así pasará estos días por la cabeza de Sonsoles Onega, a no ser que sea tan ignorante que crea de verdad que sabe algo, que no lo creo o no tengo por qué.
Digo porque el otro día, al hilo de las inundaciones en Cádiz, en el programa de televisión que ella presenta, enfocaron “la autovía CA 36, que es una autovía urbana, de acceso a Cádiz por el puente José León de Carranza, ¡totalmente inundada a los lados!”, según dijo, a lo que un tertuliano añadió que “menos mal que está inundada pero no generará daños tan violentos como en el Levante”. Bueno, se trataba del puente que viene de la península, desde Puerto Real, hasta Cádiz, y el agua que tiene a los lados es el Océano Atlántico. Vamos, la Bahía de Cádiz. A nada que hayas estado allá o que le hayas echado un vistazo alguna vez al Google Maps deberías de saber que Cádiz es prácticamente una isla, solo unida al continente por una lengua de playa en su parte sur. Onega, por lo que se ve, o no lo sabía, o no le avisaron desde producción de su programa o simplemente, que también puede pasar, tuvo un despiste mayúsculo fruto del directo y de la a veces enorme sucesión de imágenes y hechos que emanan de las situaciones meteorológicas extremas como las que esta semana está viviendo Andalucía.
Esto último ha manifestado Onega que sucedió, unido a sus disculpas por la metedura de pata, que a efectos reales no causó perjuicio alguno. Eso sí, demuestra cómo de metidos estamos cada uno en nuestra ciudad y una o dos más y punto.