Hasta donde hemos podido entender, la cosa está así: un presi, Raúl Martín Presa, que cree que el futuro del Rayo pasa por un nuevo (y buen) estadio en otro lugar; un propietario, la Comunidad de Madrid, que se niega y propone reformar por completo el actual –incluso girándolo 90º grados, para que tenga mejores gradas–; y una afición que considera un ultraje que el Rayo se vaya a otro lugar. Mientras todo esto se discute, el estadio da asco verlo y, para colmo, surge el problema del mal estado del césped, agravado por jugar la Liga Conferencia –cada vez que hay un partido europeo se cambian las dimensiones del campo, porque la UEFA exige 3 metros de distancia con las gradas–. Curiosamente, o irónicamente, la polémica suspensión del Rayo-Oviedo ha llegado cuando el club se ha puesto por fin las pilas: cambio total del césped... que no se ha podido asentar bien por el temporal. Y el equipo, en puestos de descenso...
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