Mi tío José me decía hace siglos que elegir tertulia era como escoger entre Coca Cola y Pepsi Cola. Su ironía me ha venido a la memoria tras publicarse Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España. Escrito por Antonio Villareal con Península, retrata un fenómeno “que vive entre la precariedad y el poder, entre la teatralidad y la política, y que para bien o para mal, marca el pulso y el estado de ánimo de nuestra sociedad”. Palique y desparpajo son habilidades claves, quizás más en boga que nunca, para ser célebre en un formato incisivo en esencia

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Otros dos ensayos recién salidos del horno: Contra el descontento (Cristina Monge, Premio Paidós 2026) y Redes vacías, Tecnología catastrófica y el fin de la democracia (César Rendueles, Anagrama).

Intentos por analizar el malestar en una policrisis donde aumenta el pensamiento mágico y el capitalismo desaprensivo, muy del gusto de señoritos y palmeros que no quieren democracia o la pretenden desmochada. Como si defender los derechos humanos fuese un síntoma de buenismo tontito y el Estado del Bienestar un gimnasio para fofos. No exagero, basta leer y escuchar entre líneas, mucha gente circula ya por el arcén del carril derecho.

Pautas conductuales

Vivimos una revolución de conocimiento y de ignorancia, de información y desinformación, y nuestro discernimiento anda un tanto locuelo. No sabemos bien qué suelo pisamos, qué creer y qué no, y esa confusión late en lo macro y en lo micro, en lo global y lo local.

El riesgo de virar al autoritarismo es palmario, y la batalla narrativa se libra a menudo sobre una dinámica “siniestra”, como apunta la periodista Ángeles Caballero: “Si no insultas, no eres; si no desprecias, no estás”; un “embrutecimiento" de la conversación pública con costes graves. Lo advirtió en Tinta Libre, en el monográfico de diciembre dedicado a radiografiar el antisanchismo.

El periodista Carlos Hernández ha fallecido no sin antes escribir su último texto, una lección de periodismo, de democracia y de vida

Adiós prematuro

Noticia triste, esta semana ha fallecido el periodista Carlos Hernández. En noviembre de 2021 concedió una entrevista a DIARIO DE NOTICIAS. Certero y amable, Carlos creía que estábamos pagando las consecuencias de una Transición “en la que nos obligaron a olvidarnos de nuestro pasado”, y que nos habían “sometido a un engaño masivo con aquello de no reabrir heridas”.

Cuatro años después. el debate sobre la democracia es clave. Sabedor de la gravedad de su enfermedad, Carlos dejó escrita una “carta desde el más allá” que ha publicado elDiario.es , donde evoca fundamentos. Primero, el derecho de la sociedad a estar “bien informada”. Segundo, que de nuestro trabajo como periodistas, “aunque no solo de él, depende la libertad, la igualdad y la democracia”. Y tercero, que “la alternativa a la democracia es la dictadura, aunque la bauticen con cualquier atractivo eufemismo”. “Hay mucho, muchísimo que mejorar, pero el camino no es el que nos muestra la extrema derecha mundial”, nos recuerda Hernández, despedido entre múltiples muestras de reconocimiento y cariño, que es la forma agnóstica de trascender

Hoy el trumpismo campa como patrón por su finca. Basta ver cómo Elon Musk ha arremetido como un descosido contra Pedro Sánchez. Viento de cola para el monclovita, que siempre encuentra crampones para no perder del todo la adherencia. Esta semana ha publicado un artículo en The New York Times y se ha convertido en el tercer presidente español con más días en el cargo. Pero hoy puede resbalar en el hielo aragonés.