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El farolito

F.L. Chivite

Casi sin querer

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Dice Lucho que, cuando Elon Muskhace el saludo hitleriano, lo hace sin mala intención. Y le pregunto: O sea, que lo hace sin querer. Y me contesta: Casi sin querer. Un nuevo concepto. Acabamos de inventarnos el Casi sin querer. Se entusiasma uno, a veces, con sus pequeños hallazgos cotidianos. No obstante, casi sin querer o queriéndolo con locura, lo cierto es que ya están aquí. Ya han llegado, no sé si me explico. Inútil pretender ignorarlo.

Pronto harán camisetas con el gesto de Elon. Musk apunta maneras: le gusta brindar imágenes para las redes. Quiere vender un fascismo de cómic. Y parece que lo van a conseguir. Lo triste es ver cómo muchas de sus víctimas les animan y luego lo lamentan. Siempre ocurre eso. Yo he acabado pensando que debe de tratarse de una constante evolutiva de nuestra especie. De modo que ya nos estamos preparando mentalmente, supongo. Nuestro inconsciente colectivo ya sabe lo que viene. Lo huele. Y lo reconoce. Porque lo que vuelve, claro, es la vieja y entrañable mano dura de antaño. Menos justicia. Más control. Menos bromas. Más decencia.

Menos libertades y más respeto a los jefes y a los ricos. Lo intentarán una vez más, parece inevitable. Pero no funciona. Porque no se puede volver atrás. ¿Es una pena? Tal vez, pero es así, Lutxo, lo siento, le digo. No es solo que lo que añoras ya desapareció. Es que, además, estás huyendo de ello, aunque no lo sepas. Pero Lucho hoy está raro. Puede que haya dormido mal. Dice que, a él, lo que le pasa es que echa de menos algo, pero no sabe qué.

Le digo: Será la alegría de la juventud. Y dice: No, no es eso. Le digo: Será la curiosidad intelectual. Y dice: Tampoco. Le digo: Será el vino. Y dice: Eso nunca. Y acto seguido se pide un vino para celebrar algo, lo que sea. Tiene que haber algo a lo que aún podamos aferrarnos, dice mirando la copa con cariño.