Por encima de casi todo lo demás, las guerras son un negocio. De ellas, obtienen beneficios muchos actores. Incluso en los bandos perdedores, hay quienes sacan tajada de estos conflictos. Y lo hacen sin ningún escrúpulo. De hecho, ocurre con frecuencia que las ganancias son tan elevadas –unos porque venden armas, otros porque las compran con jugosas comisiones o porque se forran con los encarecimientos energéticos y de alimentos, etc– que complican todavía más el armisticio.

En la que acaban de provocar Trump y Netanyahu subyacen los mismos perversos intereses. Esto lo sabe todo el mundo, de ahí que países con un papel secundario en este conflicto ya están resituándose para tratar de salir bien en la foto.

Es el caso de la Unión Europea, donde no se actúa como un bloque. Mientras Francia, Grecia y Reino Unido envían apoyo militar a Chipre tras el ataque de Irán a una base británica e Italia y Alemania respaldan el ataque, España sufre una nueva amenaza de Trump tras su negativa a que EEUU use las bases de Rota y Morón. El presidente yankee anuncia que le cortará todo el comercio por ser un aliado “terrible”. Ya veremos en qué queda todo esto, porque la política comercial es potestad de la UE. Pero la UE no es precisamente ejemplo de unidad.