Somos mucho de conmemoraciones. No hay semana sin algo que evocar y ésta se inició con el 50 aniversario de la masacre de Vitoria-Gazteiz, el triste recuerdo de los cinco trabajadores asesinados a manos de la Policía y la permanente exigencia de verdad, justicia y reparación. Hoy, en lo que se venía llamando Día de la Mujer Trabajadora, tres manifestaciones recorrerán Pamplona y dejarán bien a las claras la también triste división del movimiento feminista. Dicho lo anterior, yo quiero aquí lanzar mi especial celebración a una frase que cambió nuestras vidas, especialmente las de los jóvenes. Mañana cumple un cuarto de siglo aquello de: “Señoras y señores, se acabó la mili”.
Hace ya 25 años que el entonces ministro de Defensa del PP anunció el fin del servicio militar obligatorio. Aquella decisión no se explica sin la lucha de los movimientos de objeción e insumisión y, tampoco, sin el digno pulso que nuestra comunidad mantuvo durante décadas. En doce años, el principal foco de la insumisión en el Estado concentró a 600 de los 1.760 presos insumisos (un 34%), una desobediencia civil que apoyaron 3.000 jóvenes navarros (el 15% del total estatal). Hubo momentos en los que uno de cada tres insumisos encarcelados cumplía condena en Pamplona. Aquí hay orgullo para no olvidar.