Creo que Navarra, a la inmensa mayoría de su sociedad, no le preocupa la Transitoria 4ª que recoge el derecho a decidir de los navarros y navarras sobre la posibilidad de una unión política y administrativa con el resto de los territorios vascos, más allá de que es la única garantía constitucional y en el ordenamiento jurídico-político del Estado español que avala un derecho de decisión propio. Y es exclusivo de las navarras y navarros. Entre otras cosas porque casi 50 años después de la aprobación de la Constitución de 1978 la mayor parte de esta sociedad está desconectada de aquella simbología política del siglo pasado. Y eso pese a que la Transitoria 4ª es uno de los últimos vestigios políticos del viejo sistema foral, de los derechos políticos históricos y un pilar básico del autogobierno actual de Navarra. Como dijo hace años un célebre jurista español del Tribunal Constitucional, plantear su eliminación sólo puede ser cosa de tontos.

Es sólo un residuo del discurso más viejo de UPN, que saca a pasear cuando necesita espacios mediáticos, sobre todo en Madrid. Quizá no sea por ello casualidad que esta misma semana un medio digital de esa ciudad incluyera a Cristina Ibarrola en el top de las mujeres más influyentes de la política. No sé, zorionak a la agraciada, pero mucho parece. En realidad, UPN hace muchos planteamientos de interés general, el último el de que Navarra asuma la competencia para poder expedir carnés de conducir para tratar de solucionar un problema de retrasos en los exámenes que afecta a 5.000 personas, pero siempre acaban en segundo plano por la prioridad de airear sus dogmas más esencialistas. El viejo Navarra está en riesgo de venta si no gobiernan ellos. Es también su miedo a la voluntad libre y democrática de los navarros y navarras. Ibarrola argumenta en el crecimiento del independentismo en la sociedad navarra la necesidad de eliminar la Transitoria 4ª.

Dudo que haya ese crecimiento, pero si lo hubiera sería, en todo caso, porque sus planteamientos se acogen mejor en todos los ámbitos por la sociedad navarra que las anquilosadas posturas de UPN de los años 70 del siglo pasado, que quizá ya no coinciden con las necesidades, visiones y demandas de la Navarra real de este siglo XXI. UPN, PP o Vox pueden estar muy tranquilos: los navarros y navarras no se vuelven locos cuando no votan o deciden o piensan lo que ellos dicen que hay que votar, pensar y decidir. Las tópicos obsesiones más trasnochadas de UPN –ahora prohibir en Tudela un campeonato de natación alevín en el que participan siempre dos equipos de la ciudad porque es de Euskal Herria como último ridículo–, ni siquiera sirven para poner en evidencia los errores que puede haber en la gestión del actual Gobierno. Al fondo de la chistera le quedan pocas ideas parece y siempre sale el conejo con las mismas ocurrencias.