Si vive en Pamplona, puede que suene su teléfono y al descolgar le salude el entrevistador o entrevistadora del Plan de Convivencia del Ayuntamiento para hablar con usted sobre 16 ítems con preguntas cerradas y una pregunta abierta de propina para que se explaye. Igual conciertan previamente la cita y le avisan de su duración aproximada. Si pasa de encuestas, habrá sido el momento de decirlo. Si no, será porque quiere participar aportando su visión. Todo esto me lo estoy imaginando. Por lo que he leído, no parece que se vaya a facilitar el cuestionario con antelación para dar tiempo a preparar las respuestas.

Mientras le llaman o no, ¿qué opina?, ¿le gustaría ser una de las 800 personas elegidas para darle una vuelta al asunto de la convivencia? ¿Se convive bien con usted? Y con usted, ¿conviven bien? ¿Podría mejorar alguna de estas cuestiones o ambas? ¿Ni fu ni fa? ¿Está en disposición de poner en cuarentena alguna de sus opiniones, tal vez prejuicios, quién sabe si comportamientos? ¿Se plantea profundizar en algún aspecto concreto del plan, en un colectivo, en alguna práctica? ¿Le gustaría convivir o convivir mejor con alguien con quien no lo hace? Si el plan representa una oportunidad es esta, darse un tiempo, ablandar rigideces, abrir rendijillas al cambio de mirada. Y si algo tiene que dejar claro es que hacerlo tiene ventajas. ¿Se considera usted una persona de su tiempo? (Esta última pregunta es trampa, es evidente que tan de nuestro tiempo es el avance como la reacción, el encuentro como la distancia.)

Saber qué nos pueden preguntar sobre la convivencia es buena excusa para poner palabras a las sensaciones o más palabras a las frases con que hasta ahora nos explicamos la ciudad, que en este caso es algo parecido al mundo.