Vox denuncia ahora el Concurso de Ideas del Ayuntamiento de Pamplona sobre el futuro del mamotreto de simbología franco-fascista de Los Caídos. Lo contrario hubiera sido más noticia. Y lo hace porque, según dice su presidente en Navarra, un tal, José María García Elorz, es un paso más “en los ataques contra la memoria de los auténticos españoles, contra la Iglesia Católica y contra los símbolos que forman parte de nuestra historia y de nuestras raíces comunes”. Una cartilla de bueno si cumples todos los requisitos. Un compendio ideológico de la nada como argumento acompañado de pretensiones jurídicas. Y lo hace cuando están a punto de cumplirse 95 años de la proclamación de la 2ª República.
Un tiempo convulso que terminó de forma brutal en 1936 con el golpe militar apoyado por la banca, la Iglesia, los sectores políticos conservadores, falangistas y carlistas y de la mano de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini. Un compendio del que no podía acabar saliendo nada bueno y que derivó en una cruel matanza humana y en una dictadura de 40 años, o quizá de forma encubierta aún más. No me voy a cansar de recordarlo y escribirlo: más de 3.300 navarros y navarras fusilados sin juicio y sin que hubiera un frente de guerra. Muchos de ellos todavía permanecen desaparecidos en cunetas, montes, cementerios y descampados. Una masacre de quienes pensaban diferente planificada y ejecutada en apenas unas semanas. A Navarra su historia le acompaña de momentos de memoria de la violencia sufrida y este es un caso. Los Caídos es el último símbolo franquista que se resiste a desaparecer y se levantó para mayor gloria de quienes impulsaron y protagonizaron aquella matanza en Navarra. Siempre he defendido su derribo, porque mientras permanezca ahí impasible seguirá significando lo que siempre ha significado, un instrumento de memoria y vergüenza para unos y de honor y orgullo para otros, creo que muchos menos ya. Siempre confrontación. Hay otras alternativas sobre la mesa en proceso de debate impulsado por el Ayuntamiento de Iruña, partidario de lo que ha bautizado como resignificación, pero Iruña no va llorar su demolición. UPN y PP se han resistido y se siguen resistiendo con disimulo a condenar los crímenes del franquismo y Vox lo ensalza sin rubor alguno.
Para Vox los miles de navarros y navarras asesinados, perseguidos, exiliados y represaliados no eran auténticos españoles ni compartían las raíces comunes. Y la mayoría democrática que debate el futuro de ese horrible lugar tampoco tiene intención alguna de compartir esas raíces y forma de ser de los auténticos que tanto daño y sufrimiento dejaron a su paso por España. No hay un nuevo significado posible de memoria para un lugar que rinde homenaje a lo peor de los seres humanos. Que nos los tenga que recordar ahora Vox es porque se nos está olvidando de nuevo.