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Políticos en los banquillos

Políticos en los banquillosEP

Campan por todo el mundo personajes, con síntomas evidentes de necesitar una temporada de frenopático o de alguna profunda mazmorra olvidada. También en el Estado español. Basta ver las intervenciones de algunos diputados y senadores, especialmente del PP y Vox en la oposición o de UPN en Navarra. Esta semana siguiente a la Pascua de Semana Santa ha sido un compendio concentrado de la decadencia de la democracia liberal española. Esto es, una democracia en estado de deconstrucción y un liberalismo que no es tal, sino un sistema de mangoneo y corrupción. El liberalismo español de hoy es el viejo régimen de siempre. Unas elites aristocráticas, económicas, empresariales y financieras mediocres y casposas al asalto y saqueo de los recursos públicos y del bien común. Da igual en que época de la historia española se lea esto.

Nepotismo familiar, amiguísimo político y solidaridad de clase privilegiada componen un modelo económico, fiscal y financiero antiliberal por definición. También claro antisocial. El Estado español no tiene su semana del año sin su nuevo caso estelar. En este caso, semana de juicios. El del caso Kitchen el lunes con el ex ministro de Interior del PP Jorge Fernández y con todo su entramado de espionaje, grabaciones y cloacas. Y desde ayer el juicio por supuestos sobornos sistemáticos y adjudicaciones de contratos de mascarillas durante la pandemia del covid por valor de más de 50 millones de euros a cambio de mordidas que sienta en el banquillo al exministro socialista José Luis Ábalos y a quien fuera su mano derecha, Koldo García, y al comisionista y empresario Víctor Aldama. Como suele ser habitual en estos entramados a lo largo de la democracia española se mezclan dirigentes políticos, sus familiares, idiotas con título nobiliario, policías delinquiendo, rentistas sin oficio, la gran banca y empresas que lo mismo crían cerdos en macrogranjas que exportan y especulan con bienes de primera necesidad a precios desorbitados. Un modelo desnudo en su miseria.

Un sistema en el que la ética y el conocimiento se desprecian mientras se valora la desvergüenza y la impunidad contra más chabacana y grande. Un panorama sombrío que pone en riesgo la calidad y credibilidad de la democracia como modelo de progreso social y económico y sistema de convivencia y bienestar. Y sobre los delitos y chapuzas, emerge de fondo la gravedad de lo que realmente supuso Kitchen, como la tecnología ha permitido diseñar un big data de cada uno de nosotros y ha convertido la comercialización de nuestra intimidad en un inmenso negocio. El camino a que nuestra información personal, los más profundo de nuestra privacidad, campe sin control alguno por miles de bases de datos de empresas, corporaciones, policías o gobiernos es ya una inquietante realidad. Es solo otro tipo de corrupción.