Mal asunto este de la colisión de derechos. Imagino que los propietarios de la bajera en la que se quiere instalar una cafetería en la plazuela de San José tienen derecho legalmente a alquiler su propiedad, de la misma manera que lo tiene el arrendatario a querer poner ahí una cafetería, puesto que la normativa municipal vigente, hasta donde yo sé, no lo impide.
Y, por último, los vecinos de una de las plazas más tranquilas, hermosas y como llegadas de otra era temporal que hay en Pamplona tienen el derecho aunque sea emocional y vital a que la plaza se mantenga como está y que allá no se instale un negocio que suponga terraza, ruido, trajín y cambio de la fisonomía del lugar. Vamos, les comprendo perfectamente, porque todos lo que pretendemos es vivir en paz y que nuestro contexto vital sea tranquilo y silencioso. Una batalla que, por desgracia, muchos han perdido.
Quienes no vivimos allí, y a lo sumo vamos de pasada los pocos días al año que hay algún evento que en nada rompe la anual tranquilidad sino solo de manera puntual, imagino que nos dividimos entre quienes quieren que el espacio siga así y no un punto de encuentro más como ya hay 1000 y quienes, por qué no, no ven con malos ojos que exista un punto de reunión con consumición para disfrutar del sitio.
No estoy entre los segundos, prefiero que siga como está, pero, como digo, no soy nadie para inmiscuirme en la legalidad o no legalidad de las iniciativas empresariales. En todo caso, si tengo que mirar a alguien, sería al ayuntamiento, que, a lo que se ve, no parece tener a la plazuela en algún sistema de protección especial que impida poner determinado tipo de negocios.
Claro que, como digo, con eso igual estás perjudicando a terceras partes. Lo dicho: un asunto complejo que confío que de seguir adelante sea lo más respetuoso, calmado e integrado posible. Lo merecen la plaza, sus vecinos y Pamplona.