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Mesa de Redacción

Javier Encinas

Ramón Goñi, un tipo entrañable

Sus limitaciones físicas no le impedían participar de una enriquecedora vida social; era un disfrutón

Ramón Goñi, un tipo entrañableCedida

La primera imagen de Ramón que me viene a la cabeza es bajando a toda pastilla en su silla de ruedas por la calle Chapitela. Era tal la velocidad capaz de alcanzar impulsándose con sus pies que en mi entorno familiar la llamábamos El Fórmulas, por aquello de que corría como un bólido de F1. Tiempo después supe que se llamaba Ramón y durante muchos años tuve la suerte de conocerle personalmente. Por encima de todo era un tipo entrañable. De los que se hacían querer. Y vitalista. Muy vitalista.

Sus limitaciones físicas no le impedían participar de una enriquecedora vida social. Era un disfrutón. Mientras otros en su situación habrían optado por el recogimiento, a él le gustaba salir, especialmente en la tarde noche de la Vieja Iruña, que frecuentó con una sonrisa de oreja a oreja. Recuerdo que en una de esas fue atropellado por un coche que dejó maltrecha su silla de ruedas. En algunos bares del Casco Viejo pamplonés se pusieron unos botes para recaudar fondos con los que comprarle una nueva. La colecta tuvo un éxito acorde a su calidad humana. A los pocos días, había suficiente dinero para la silla y con lo que sobró pudo estrenar una chupa de cuero.

Con la edad, Ramón fue dosificando sus salidas y aceptó por fin desplazarse en una silla con motor. Pero nunca perdió la sonrisa. Hace solo un par de semanas sus amigos del Zuriza celebraron con él su 71 aniversario. Se le notaba cómo los años iban pesando, pero nadie imaginaba que era la última vez que soplaba las velas. La noticia de su precipitada marcha, en silencio y sin avisar, ha hecho mella entre los numerosos amigos y vecinos que siempre vimos en él un ejemplo de cómo dar la vuelta a la adversidad. Hasta siempre.