Entre abril y mayo asoman los Sanfermines. Valga como ejemplo, el informe presentado por el Ayuntamiento de Pamplona sobre el impacto económico, social y medioambiental de estas celebraciones. Se trata de un trabajo basado en 2.700 encuestas realizadas las pasadas fiestas a pie de calle y, quizás por ello, el 95% de los interrogados “esperaba volver de nuevo”. Aquellos nueve días generaron un impacto económico de 260 millones de euros, de los que 174 millones se vinculan a quienes visitaron la ciudad.
Los pamploneses disfrutamos una media de 6,4 días, los turistas nacionales, 3,7 y quienes se acercaron como excursionistas sin pernoctar, 1,2 días. Para la mayoría, el encierro fue el factor clave de atracción y casi todos los encuestados hablaron del ambiente festivo y de la alegría en calles y bares. No digo que éstos, y otros muchos datos, no sean relevantes e informativos, pero me dejan un poco fría. Por contra, hay un pequeño apunte que agradezco se haya incluido. El análisis nos dice también que en las fiestas participaron 424.000 personas –el 15% de ellas, extranjeras–. Esa es la cifra y no la repetida exageración de que esta pequeña capital acoge por unos días a más de un millón de almas. Esa es la cifra, aunque no luzca tanto como una buena y abigarrada muchedumbre.