Hace unos días recibí la factura del agua y los residuos y, aunque uno está curado de espanto con esto de las facturas, ya a primera vista me llamó la atención lo elevado de la cifra. No que fuera un dineral, pero sí que era bastante superior a facturas previas. Husmeé en el consumo de agua y no era, así que no podía ser otra cosa que la tasa de basuras. Y, efectivamente, era.
Había subido –imagino que a todos ustedes– nada menos que un 20% la cuota anual variable de residuos, lo que más o menos se traducía en entre un 10 o 12% de subida global de la factura. Localicé el motivo rápido: como se ha actualizado, al alza, el valor catastral de las casas –UPN lo tuvo años sin actualizar, traspasando el marrón a otros– y esa cuota variable anual de residuos tiene que ver con el valor catastral de mi casa pues al final de las cuentas y los cruces de datos el resultado es que la factura sale un pico más cara. Por supuesto, ya saben que da igual que tengas 4 cubos donde echar orgánico, envases, papel y resto y que esto lo lleves a rajatabla. Al parecer, esto es un asunto estrictamente de satisfacción personal y aunque lo hagas perfecto vas a pagar de residuos lo mismo que quien no lo haga o lo haga fatal. No sé, la verdad, es cierto que el tema del reciclaje es un compromiso personal y creo que así debe de seguir siendo y también me podría parecer progresivo y lógico que quien posea casas de mayor valor catastral pague más que quien posea casas de menor valor, pero con todo esto del reciclaje me sigue faltando un poco la parte de, no sé cómo, introducir estímulos ya sea fuera de factura o en la factura que premien un poco a quien lo hace bien y que, el dinero es así, enderece el camino de quienes no han dado el paso.
En otros países hay sistemas de cobro por reciclaje, supongo que a cargo de empresas privadas. Podría ser una idea. Incluso si lo implanta la Mancomunidad.