Di Stéfano, Puskas, Kubala, Rubén Cano, Donato, Diego Costa, Catanha, Laporte, Le Normand, Luyck, Brabender, Sibilio, De la Cruz, Biriukov, Ibaka, Brown, Sandra Myers, Glory Alozie, Orlando Ortega, Igor Bychkov, Dushebayev, Muelegh, Zivanevskaya y más y más y más que me dejo. Decenas de deportistas no nacidos aquí que defendieron deportivamente a España y que no fueron ni de lejos fiscalizados acerca de sus sentimientos como un chaval de nombre Lamine Yamalnacido en Cataluña, criado en Cataluña y formado en Cataluña al que no perdonan no ser de su club, de su meseta, no tener 17 apellidos en línea de descendientes castellanos y llevar en sus botas las banderas de los países en los que nacieron sus padres: Marruecos y Guinea, como si recordar de dónde vienen los tuyos fuese una afrenta.
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Aquí si no te muestras español en la medida en que la masa centralista quiere, en el tono en el que ellos quieren, si no lo aderezas con banderas, pulseras, palabras, declaraciones y toda clase de listones emocionales que ellos van subiendo o bajando a conveniencia no eres español para ellos. Tienen la patria potestad de lo que es ser español, ya seas español de nacimiento o de adopción, y van a hacer todo lo posible para enmierdar el ambiente, al chaval y a lo que haga falta con tal de lograr que buena parte de la afición no empatice con un crío que, además, incluso osa a llevar una bandera palestina y, además, qué vergüenza, es más culé que el escudo. Por ahora, claro, que hemos visto de todo.
Lamine, que ha llegado tras un parón a este Mundial, tiene 18 años y ya ha aguantado más coces escritas y verbales de la prensa madrileña que muchos deportistas en toda su vida. Imagino que ser negro, de padre marroquí, madre guineana y un genio con el balón es algo superior a la capacidad de aceptación de muchos. Españoles, sí, pero como yo diga y los que yo diga cuando hagan lo que yo diga.