Las gafas rojas y ‘Cómo entrenar a tu dragón’

08.02.2020 | 22:49

Si alguien me hubiera dicho que iba a salir asombrada de ver Cómo entrenar a tu dragón 3 no le habría creído, pero, sorpresa para mí, así fue. Dejando de lado a los vikingos, los dragones y que el amor lo puede todo, me quedé asombrada con el mensaje de fondo de la película. A lo largo de los 104 minutos que dura la película se incide en una idea muy clara: que el pueblo no puede funcionar sin un macho alfa/ jefe que lo lidere. Mi cara de asombro conforme iba apareciendo esta idea a lo largo de la película fue digna de admirar.

El mensaje de esta película es que siempre tiene que haber un jefe, obviamente masculino, que decide por el grupo y sin él no funcionaría nada. Es más, en varios momentos de la película se trata al conjunto de habitantes, ya sean personas o dragones, como un ente casi infantil que no sabe hacer nada si no se lo ordena el jefe. No se me ocurre un mensaje menos adecuado para el momento en el que vivimos.

Este tipo de mensajes hacen que los niños y niñas crezcan creyendo que la unión no hace la fuerza, es más, ni se plantean este tipo de cuestiones hasta, con suerte, bien entrada la adolescencia. ¿Dónde están las películas, cuentos, canciones que reivindiquen la importancia que tiene la unión del pueblo? ¿La solidaridad de clase? Después pretendemos que nuestras niñas y niños tengan espíritu crítico, pero eso lo tenemos que trabajar desde la infancia y este tipo de mensajes consiguen crear una sociedad conformista, que cree que el pueblo no tiene capacidad de decisión, que para ello ya están los jefes / machos alfas que solucionan todos sus problemas.

Puede que mis gafas rojas de profesora de Historia que insiste mucho en la historia social hayan llevado este tema un poco al extremo. Pero considero que es un buen momento para que empecemos a replantearnos el tipo de mensajes y valores que inconscientemente, o conscientemente, se están transmitiendo a nuestra sociedad. Tal y como ocurre con las gafas violetas, en cuanto comienzas a ver la vida con unas gafas rojas no hay vuelta atrás.