la cartadel día

No se atienden urgencias

16.02.2020 | 01:12

e n las reuniones dirigidas por la directora general de Salud Mental del SNS-Osasunbidea, Sara Chivite, hemos abordado diferentes temas de cara al diseño del Plan Estratégico. Sin embargo, desde Anasaps constatamos que para algunos sanitarios las personas con problemas de salud mental son ciudadanos de segunda, pues consideran que deben ser controladas y reprimidas como si no les atañesen las libertades y los derechos individuales del Estado de Derecho. Asumen el papel de protectores de la sociedad frente a unos individuos supuestamente peligrosos, pero nuestra función consiste en reivindicar los derechos y el bienestar precisamente de los enfermos mentales porque percibimos que los prejuicios, los tópicos y las supersticiones del resto les abocan al trabajo protegido o a la discapacidad laboral. Somos una asociación reivindicativa; no es extraño que nos hayan excluido de las reuniones subsiguientes. Por otro lado, se suelen escoger como referentes a familiares con un enorme afán competitivo, con ideologías antagónicas, creencias contrarias y que a su vez han podido padecer graves adicciones, conflictos mentales no tratados y problemas económicos encubiertos. Reivindicamos que sea el propio usuario quien elija al referente en que más confíe: un familiar querido, una trabajadora social o un sacerdote dispuesto, entre otros. Hemos promovido el diálogo para afrontar las situaciones de crisis con el objetivo de evitar los costosísimos ingresos hospitalarios (264 en 2019), sobre todo los involuntarios; pero, como si los enfermos mentales no dispusiesen de capacidad cognitiva, se escuchan algunas propuestas que solo pretenden limitar su autonomía y capacidad de decisión. Todos podemos sufrir altibajos personales y profesionales y eso no debería suponer una condena ni una merma de los derechos individuales. Hasta el presente, si un paciente ha acudido a su centro de salud mental sin cita previa, no le han atendido sino que le han conminado a solicitarla. En la recepción de los CSM aparecía un cartel escrito en letras mayúsculas que decía: no se atienden urgencias. Entendemos que las agendas de los psiquiatras están saturadas, pero solicitamos que, por lo menos, alguien escuche a los pacientes en esa grave coyuntura. Reivindicamos que se implante ya el documento de voluntades anticipadas del usuario para esos episodios de incapacidad transitoria en todas las consultas psiquiátricas.

El plan de humanización, en estado embrionario, no se cumple porque los psiquiatras (de izquierdas o de derechas, nacionalistas o españolistas) desean que su autoridad sobre el paciente prevalezca en todas las situaciones. Debido al exagerado corporativismo, muy pocos facultativos darían la razón a un enfermo mental frente un compañero suyo con independencia de si la tiene o no. Se siguen negando a dialogar con las 4.802 personas que padecen trastornos mentales graves en Navarra y, por un lado, confían únicamente en la medicación y, por otro, se toman sus frases a chirigota, que dan por hecho sean mentira; asumen que son malvados cuando la mayor parte son víctimas de tremebundas injusticias, traumáticos malos tratos y abusos, y otras situaciones límite. En este sentido, recomendamos que relean El Quijote, de Cervantes, donde volverán a contemplar en pleno siglo XVII un personaje cuyo exceso de idealismo o ingenuidad le impide adaptarse a la realidad. Lean también El libro de la vida, de Santa Teresa de Jesús, y reflexionen sobre si estarían dispuestos a reprimir sus revelaciones místicas con tratamientos agresivos; la Inquisición del siglo XVI no lo hizo. Y, por último, les pedimos que valoren más a todas las personalidades históricas que padeciendo problemas de salud mental han desarrollado de forma brillante alguna de las bellas artes y otros campos de la cultura y de la ciencia. Y es que tratamos de seres humanos sufrientes.

El autor es escritor y colaborador de Anasaps