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Europa, ¿dónde la energía verde?

13.03.2022 | 01:43
Europa, ¿dónde la energía verde?

Acuciada por la elevada dependencia energética (más del 50%), la alta volatilidad de los precios del gas y petróleo debido a factores geopolíticos desestabilizadores, y la imperiosa necesidad de la garantía de un aprovisionamiento seguro de energía, la UE implementó una estrategia energética basada en los acuerdos preferenciales con Rusia y Argelia para el suministro de gas, en la utilización de obsoletas centrales nucleares en lugar de reactores atómicos de nueva generación EPR (European Pressurized Water Reactor) y en el extraordinario impulso de las energías renovables (primer productor mundial), con el objetivo inequívoco de lograr el autoabastecimiento energético y de recursos hídricos en el horizonte del 2030.

Asimismo, se aprobó el ambicioso Programa Europeo sobre el Cambio Climático en el horizonte del 2030 (el Triple 30) con el compromiso de recortar las emisiones de dióxido de carbono en un 30%, mejorar la eficiencia energética en otro 30% y lograr que el 30% de la energía consumida proceda de fuentes renovables aunado con la reorientación del transporte de mercancías terrestres por las nuevas autopistas del nar y vías férreas de alta velocidad mediante la imposición de tasas ecológicas al transporte por carretera y a los vehículos sin etiqueta ECO.

Sin embargo, según Marie-Helene Fandel, analista del European Policy Centre, "la política energética de la UE adolece de una elevada dependencia del exterior debido a su escasez de recursos y su limitada capacidad de almacenamiento", lo que, aunado con la incapacidad de los 27 para desarrollar una verdadera política energética común, ralentizará todo el proceso y hará inviable la utopía de la autodependencia energética europea en el horizonte del 2030.

Europa, ¿dónde la energía verde?

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), en un informe titulado Perspectivas mundiales de inversión en energía, advertía que sería necesario invertir 48 billones $ hasta el 2035 para cubrir las crecientes necesidades energéticas mundiales, pero el abrupto desplome del precio del crudo hasta los 50 $ imposibilitó a los países productores conseguir precios competitivos (rondando los 80 $) que permitirían la necesaria inversión en infraestructuras energéticas y búsqueda de nuevas explotaciones teniendo como efecto colateral la entrada en bancarrota de incontables empresas del shale oil de EEUU.

El aumento de la demanda energética mundial aunado con el boicot impuesto al crudo ruso y la falta de resolución del contencioso iraní han provocado un déficit diario de 1,6 millones de barriles al día en el 2022 según la AIE y una peligrosa "ansiedad de oferta" para incrementar los inventarios de los países que ha desembocado en una escalada del precio del crudo hasta los 130 $ el barril y tasas de inflación desbocadas en EEUU, China y UE que tendrán como efecto colateral el incrementos del precio del dinero por parte de los bancos centrales y la asfixia económica de incontables países con una Deuda Pública estratosférica.

Asimismo, en un intento de satisfacer una minimalista demanda energética, países ruso dependientes como los Estados Bálticos, Alemania, Polonia y Rumania procederán a la reactivación de las dormidas centrales térmicas de carbón mientras que otros como Bélgica, España, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia optarán por la ampliación de la vida útil de centrales nucleares aquejadas de una grave menopausia funcional tras cerca de 40 años de vida útil, con el riesgo añadido de un incremento desbocado de las emisiones de CO2 y la posibilidad de reeditar un nuevo Chernóbil.

El autor es analista

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