¡No te puedes acostumbrar!
Nuestro país se deteriora. Es una realidad para todo el que quiera verla. Y con el país se va dañando nuestra democracia. Sin duda un sistema con muchos defectos pero bueno, bastante libre, de futuro; el mejor para el ser humano y su desarrollo. Sin embargo, nos estamos acostumbrando, por tristemente habituales, a realidades que no tienen un pase; que no se darían en un sistema y con unos ciudadanos maduros. Por ejemplo, sin caer en la pobre y triste política partidaria, que un fiscal general del Estado sea imputado y diga que sigue no es normal.
Que el Congreso y el Senado se enreden y enfrenten abiertamente y a la luz de todo el mundo, por intereses contrapuestos, tiene poco de normal.
Que importantes decisiones que nos afectan a todos se tomen “una mitad contra la otra”; sin diálogo ni consenso, no es nada normal.
Que el Congreso de los Diputados lo hayan convertido ya en casi un circo, es, además de penoso, irresponsable.
Que los líderes de los dos grandes partidos no se dirijan la palabra es grave.
Que no seamos capaces de sentarnos, hablar y pactar grandes desafíos que ya tenemos encima, como son: la emergencia climática, el reto migratorio, una natalidad ínfima, el agua, la educación, la necesidad de nuevo modelo económico o el tener millones de conciudadanos en riesgo de exclusión, es triste y decepcionante.
O, estar pensando en crear centros de deportación externos con nuestros migrantes, habla de la sociedad que estamos creando.
Si tú también te estás acostumbrando a esto, estás favoreciendo este clima de desesperanza y desafección que parece ya reinar entre nosotros. Urge implicarnos, exigir, asumir nuestras propias responsabilidades y dar el paso de que cada uno tome las riendas que socialmente le tocan.