Escribo desde la absoluta indignación que me produce la reacción de algún sector médico, liderado por el Sindicato Médico de Navarra, tras hacerse públicos algunos datos de una auditoría interna. Pataleta infantil por salir retratado en la foto.

Primero, como profesional que, junto con muchas compañeras y compañeros, hemos invertido más de treinta años de servicio dejándonos el alma y todo nuestro cariño en velar por los pacientes y en hacerlo lo mejor que sabíamos. Ahora te das cuenta que algunos renuncian a una mínima autocrítica y culpabilizan de todo a otros. Las listas de espera crecen pero ellos toman la decisión de desentenderse. Todas las reivindicaciones pueden ser tenidas en cuenta y deben ser valoradas, pero lo que no es de recibo es reclamar respeto si tú no lo tienes con los pacientes.

Ahora, ya jubilada, resulta que esa máxima ya no existe y más te vale que no tengas ningún problema de salud porque o tienes dinero o te dejan morir en una esquina. Al menos esa sensación se tiene visto desde fuera. Menos mal que en Osasunbidea no todos los médicos son SMN, y todavía hay muchos profesionales que se desviven cada día por todos nosotros y a los que, visto lo visto, les agradeceré infinitamente su profesionalidad.

Mi más profundo respeto a aquellos que siempre hemos visto en la huelga y en la protesta una forma de lucha para reivindicar lo que es justo y avanzar en derechos. Todavía recordamos algunas los recortes brutales en la administración (que también afectó al colectivo médico), los despidos de todo el personal laboral, la nula inversión en tecnología, que solo se cubriera una baja de cada tres, o la privatización de las cocinas hospitalarias. Casualidades de la vida, entonces en el SMN no consideraron razón suficiente para la denuncia y la reivindicación. Claro, eran otros tiempos y otros quienes gobernaban. Nunca pensé que desear salud como despedida fuera tan importante.