En los 185 años de existencia que tiene el Mercado de Abastos de Tudela la situación actual es, sin duda, la peor y vive el momento más bajo, con menor presencia de comercios y de público que se ha conocido, pese a las constantes reivindicaciones y reclamaciones de mejoras que realizan quienes tienen un puesto de cara al público, como solución para atraer a más comerciantes. Ellos se muestran convencidos de la máxima de que “cuánta más gente pase por aquí, mejor para todos”, por lo que lejos de ser competencia, la llegada de más puestos es una bendición para todos.

Mal estado de las instalaciones, neveras en pésimas condiciones, sensación de abandono, frío helador en invierno y calor insoportable en verano para personas que están de pie 8 horas al día en un edificio municipal y no explotar el potencial que tiene un lugar enclavado en el mismo corazón de la ciudad son algunas de las quejas de este pequeño colectivo, que es consciente de la importancia y la historia del edificio.

El olvido

Quienes peinan canas recuerdan aquel mercado donde la mercancía se instalaba sobre largas pilas de piedra, las verduras, las frutas, el pescado y la carne, además de las barquillas de los hortelanos que venían de La Mejana. Unas escasas fotos en blanco y negro trasladan a aquel esplendor del Mercado.

Este año 2026 se cumplen 40 años de la restauración de este antiguo convento de la Merced, que se abrió como mercado en la Tudela de 1841, y hace ahora 20 años desde que se puso en el patio un supermercado para atraer a clientela. Pese a todas estas onomásticas, la evidencia de que nada se haya celebrado hace evidente el olvido al que le somete toda la ciudad.

La colocación de una oficina de turismo en sus pasillos, que sirva de imán para los visitantes, la climatización de las instalaciones y dar más importancia a los comerciantes que al conserje (algo que parece loco, pero que sucede) son algunas de sus peticiones, acompañadas de alguna tan sencilla como que alguien del Consistorio se reúna con ellos para que les escuche y sepa de sus necesidades.

En un banco de uno de los pasillos vacíos, Paco, Asier y Santi, hablan sobre los problemas a los que se enfrentan día a día. La evidencia del abandono se ve cuando en una hora nadie pasa por el pasillo, plagado de persianas echadas. “Siempre pasa lo mismo. Aquí baja un técnico o un concejal con una idea maravillosa, nosotros no entendemos nada de lo que van a hacer, se gastan un montón de pasta porque el dinero no es de nadie y al final el resultado es que todo sigue igual y nada cambia. Ningún Ayuntamiento nos ha escuchado, ni se ha reunido con nosotros. El problema de este mercado viene de muy atrás. Cuando una corporación nueva entra, tiene un listado de temas importantes y en ellos no aparece nunca el Mercado”. Quien así habla es Francisco Echave, Paco, que a sus 54 años está al frente de la Carnicería que su familia detenta desde 1850, si bien es la tercera generación que trabaja en el mercado.

Los protagonistas

Paco, que comenzó a trabajar con 13 años, no se calla y muestra su indignación a quien le quiera oír, sea de izquierdas, derechas o centro, porque siente que nadie les escucha. Junto a él, están Asier Martínez, de un puesto de Frutas y Verduras, y Santiago Aznar, que lleva 17 años, entró con 15 años y ahora, junto a su madre, se encarga de su puesto de Charcutería y Conserva.

En la actualidad son solo cinco los puestos de alimentación que existen, además de dos sastres y Balún Canán (Comercio Justo) después de que hace pocos meses una tienda de aceite y vino ecológico decidiera echar el cierre y marcharse a Arguedas. Su decisión vino precedida de una afirmación de la concejala de Comercio de Tudela en el pleno municipal en la que aseguraba que se reunía con los comerciantes a menudo, cuando la realidad era que hacía años que no lo hacía. Su afirmación, ante las acusaciones de la oposición de que no se reunía, fue “entonces yo me debo reunir con Pin y Pon”, y aún genera indignación entre quienes tienen los puestos del mercado.

“Nos dijeron que hablarían cada mes con nosotros, pero esa intención se ha volado como una paloma” apunta Asier. “Lo de aquel pleno… La concejala dijo, ante preguntas de la oposición, que le decían que no hablaba con nosotros que ‘entonces ella debía reunirse con Pin y Pon’. Hace falta mucho valor para mentir a cara descubierta como lo hizo. Se ha reunido con nosotros una vez en los siete años que lleva en el Ayuntamiento”, añade un enfadado Paco Echave. De hecho, recuerdan cómo el francés que regentaba el negocio del vino y aceite ecológico ha estado algo más de un año “y no ha llegado a reunirse nunca con ella y después de ese pleno iba a hacer un escrito de protesta, pero como se iba a Arguedas ya no quiso hacerlo”, añade Santiago.

“Es tan sencillo como hacer lo que estás haciendo tú ahora. Que lo hiciera ella. Venir y preguntar qué necesitamos, qué creemos que puede ir bien. Una cafetería o un bar hay en todos los mercados. Cambiar el horario y permitir cocinar algo. A los que se pusieron no se les permitía nada”, afirman los tres sentados en uno de los bancos del pasillo vacío.

Otra de las mejoras solicitadas es arreglar los aires acondicionados del supermercado del patio para que no lancen su aire caliente hacia los puestos, sino hacia fuera del Mercado.

El Ayuntamiento de Tudela ha aprobado hace unos meses una partida de 205.000 euros para cambiar la oficina del conserje, mejorar la fachada de la calle Tornamiras, adecentar algunas filtraciones del techo y suelos y crear un espacio independiente para los contenedores. Pero nada se dice de la eterna reivindicación de climatizar el edificio para que puedan trabajar en unas mínimas condiciones. Tampoco se han hecho eco nunca de algunas de sus ideas. Eso sí, se mejora la oficina del conserje para usar la que se empleaba hasta ahora como lugar para los contenedores con acceso externo, años después de que lo exigieran por la mala imagen que daba.

Los conserjes, reyes

Mientras en la ciudad se van sucediendo las celebraciones, Fiestas de la Verdura, Semana Santa, Fiestas de Tudela, Mercados Medievales, Artesanos... nadie contacta con ellos para ver cómo pueden participar o integrarse en esas celebraciones o llevar esas fiestas hasta su emplazamiento.

Escucharles es abrir la mente a soluciones sencillas que podrían abrir el Mercado a un nuevo futuro, “la calle Muro, que aparcaba mucha gente, la peatonalizaron y ahora es difícil que vengan a por cosas de peso, de Tudela o de fuera. El acceso es solo peatonal y se ha quedado el mercado como si fuera una tienda de barrio”, explica Asier. “Esta situación no llama a la gente del Barrio de Lourdes que pudiera venir. Quizás una parada del autobús en la calle Muro podría ayudar”.

Los tres coinciden en errores de bulto que muchos ayuntamientos han repetido como el de no permitir la instalación de un bar que dinamizaría el edificio y haría que sus pasillos se poblaran de clientes potenciales. “Hubo un bar, pero no les dejaron poner cocina. Tenía que traer los pinchos de casa y acabó cerrando, es absurdo. Le pusieron pegas y pegas, no podía poner cocina. Al final el Ayuntamiento montó una cocina para hacer cosas de las verduras y le pedían a él las sillas y las mesas. Al final se fue. Si quieres montar un bar hay que dar facilidades de horarios, de apertura”, comenta Santiago, abriendo un melón que es difícil cerrar: La actividad del Mercado está marcada por el horario de los conserjes. “El de los vinos pidió para poder hacer una degustación poner unas mesas y no le dejaron y por horario tampoco le daban margen para que abriera más allá de las 8”, dice Asier.

Paco, con vehemencia, explica cómo los ciudadanos de Tudela “tenemos un espacio público en el centro, inmejorable. Algo estamos haciendo muy mal todos, todos –repite- desde los comerciantes, al Ayuntamiento, pasando por los vecinos, los usuarios, los clientes… porque esto tendría que estar petado de gente. Una de las cosas que ahora mueve mucha gente es la hostelería. Podría ser comprar lo que tú quieres y te lo cocinan aquí mismo. ¿Por qué no? Pero claro, si a un hostelero le dices que tiene que cerrar a las 20.30 porque el conserje tiene que irse te dice ¿qué me estas contando? La flexibilidad es fundamental, pero con los técnicos hemos topado. No es malo que tengamos conserjes, pero no podemos decir: cerramos el Mercado porque el conserje se pasa de horas. No puede ser”.

Para ello, Paco, con casi 40 años en el Mercado, pone solo dos ejemplos. Hubo un año en que cerraron el Mercado el día del cohete, que podría ser uno de los días fuertes de los comerciantes. “Dijo el conserje que se organizaba mucho follón, ¡pero si ese conserje no había estado nunca, pero si se cierran las puertas de atrás ese día! ¡Fíjate si es un día tranquilo que ese día metemos aquí las motos! Pues ese día se cerró el Mercado de Abastos”.

Vista del Mercado de Abastos con los contenedores fuera. Fermín Pérez Nievas

En otra ocasión cuentan cómo pusieron una reja mecánica para que subiera sola porque un conserje dijo que le dolía la espalda al abrirla, “¿tú sabes lo que costó eso?, ¡qué no nos pintan el Mercado porque no hay dinero! ¿y se gastan en mecanizar una verja que se levanta una vez a las 7 y se baja a las 20? Es como si tienes 50.000 euros para arreglar tu casa y sin tener cocina ni baño optas por arreglar el trastero. Eso se está haciendo en Tudela”.

Errores desde 1986

Dada su veteranía, el carnicero Paco Echave recuerda lo que sucedió en 1986, cuando su padre representaba a los comerciantes del Mercado y lo iban a restaurar. “Cuando este mercado se arregló hace 40 años, estuvimos en un local de la calle Ugarte y aquello era impresionante, había un ambientazo que recordaba a lo que era este mercado antes. Cuando se presentó el proyecto de este mercado la gente de los puestos dijo que no se hiciera tal y como se había previsto. No tenía sentido ya que se iba a hacer un patio interior, ¿para qué? La gente no tiene que venir a sentarse, tiene que venir a comprar. Había tortas para estar en el mercado. Mi padre discutió mucho, no fue a la inauguración y le dijo al alcalde de entonces ‘¿el proyecto está hecho y ya habéis decidido, no? no tengo que perder tiempo de mi vida para vosotros. Habló con los puestos y les dijo ‘no podemos opinar porque dicen que los que saben son los técnicos’. Al final, en la inauguración mi padre vio el Mercado y le dijo al alcalde y a los técnicos ¿dónde vais a poner los cubos de basura? El alcalde miró al arquitecto, el arquitecto al alcalde y nadie había previsto que un mercado generara la basura que genera al día. Somos el único mercado que conozco que tenemos los contenedores en la puerta principal, con la imagen y los olores que genera”. Aquel patio que se creó, se tapó 20 años después con un supermercado para tratar de llevar a gente.

Una primera apuesta, quizás la más fácil, es llevar la oficina de turismo al Mercado, al menos como intento de crear una corriente fluida de gente que pase por sus pasillos. “Es algo que hemos comentado mucho. Es muy buena idea. Es accesible, está a medio camino de la plaza Nueva, el Ayuntamiento y la catedral. Es un sitio privilegiado, traes a la gente y dinamizas el comercio”.

Son las 14.30 y es ya hora de cerrar. Los tres comerciantes, vuelven a sus puestos para cerrarlos y siguen comentando entre ellos tras el paréntesis de la jornada. Unos treinta puestos permanecen cerrados, con las persianas echadas y los nombres sobre ellas, recordando otros tiempos de pescaderías, tripicallerías, frutas y verduras o charcuterías. Urge una solución antes de que los último siete valientes del Mercado decidan cerrar también sus puertas.