Soy una de esas personas que, durante las huelgas de las villavesas, he defendido que los trabajadores ya que merecían ciertas mejoras, el tema de los baños me parece que es un gran problema para los villaveseros, sin embargo, hoy me han hecho arrepentirme de haberles defendido ante quienes se quejaban de los servicios mínimos que había.
El uno de enero, iba a coger la villavesa con mi padre, un anciano de 89 años, que tiene que andar con muletas, es decir, que no tiene una gran movilidad. A las 13.09, íbamos hacia la parada que está en la avenida de Guipúzcoa con la calle Ventura Rodríguez para montarnos en la 16. Hemos cruzado el semáforo nada más pasar el autobús, la parada está al lado del paso de cebra; al llegar a la acera, le he dicho a mi padre que fuese tranquilo, que yo pedía que le esperasen, cosa que he hecho en más de una ocasión, ya que nunca nos han puesto problemas, así que he corrido, y le he solicitado al villavesero que esperase un momento, que estaba llegando mi padre. El chófer ha mirado por el retrovisor, ha visto que estaba casi al final de la villavesa, y me ha dicho que no, que no podía esperar, que tenía que cumplir el horario, y tanto él, como la compañera a la que acababa de sustituir, me han señalado el reloj y me han cerrado la puerta en las narices, literalmente. Yo no salía de mi asombro, sólo tenía que esperar unos segundos, pero no ha querido esperar, y nos ha dejado esperando en la calle, a 3 grados, en unos asientos heladores.
Esa villavesa tenía el número 414, por lo que la empresa sabe perfectamente quién es ese trabajador que exige unos derechos para él, pero no tiene ningún respeto por un anciano y le deja pasando frío sin la más mínima consideración. ¿De verdad esperan que los ciudadanos apoyemos sus reivindicaciones cuando esos 2 trabajadores no han sabido esperar 30 segundos a una persona que no puede correr?
Cuando nos hemos subido en la siguiente villavesa, después de tener que esperar mi padre sentado en un asiento que te hace sentir más frío del que hace, se lo hemos comentado a los chóferes de ese autobús, y el primero que lo ha dicho ha sido mi padre, algo que me ha sorprendido, ya que no es de los que se queje, pero hay situaciones que requieren una protesta y una reivindicación, luchar por lo que es justo.
Con esta carta lo que espero es que esta situación no le vuelva a suceder a nadie, y que ese chófer en concreto piense que, si cree tener derecho a exigir algo, también tiene el deber de respetar a las personas que pedimos con educación un mínimo de respeto y de consideración.