La Navidad son días donde todo el mundo celebra, todo es alegría y unión.

Para contaros esta historia, empiezo por la ilusión de dos niños, mis hijos, los dos menores de edad, habían pedido una casa para mamá y nosotros. No hace falta que sea muy grande pero que entremos los tres. Pero una casa de verdad, no de muñecas. ¡Que luego te lías, Olentzero! Y mi hija preguntó: ¿y la casa, mamá? ¿Te la trajeron? No, hija, no llegó. Mamá, ¿tú crees que el Olentzero es amigo de los Reyes Magos? ¡Ay, ama! Bendita inocencia.

Mirando hacia atrás, os cuento en resumen que, salimos hace dos años de nuestra casa, en mi cabeza todavía me retumba una pregunta: ¿cómo meter tu vida en un par de maletas? Eso es lo que me dijo un policía que nos acompañó ese día a casa tras poner una denuncia por violencia de género. Nos pasaron mil historias y eso no fue lo peor.

Actualmente vivimos en un piso de un recurso del Ayuntamiento y el 11 de diciembre me dijeron que este 20 de enero cumplimos dos años y ya nos tenemos que ir. Nos dan 3 meses, hasta abril, de margen para encontrar una vivienda.

Créanme que llevo desde finales de verano buscando piso y no hay manera. Me dice la trabajadora social que tendré que mirar habitaciones, y muchas son para estudiantes y otras no aceptan menores o tan solo uno.

Cuando llegamos a estos pisos, la acogida fue increíble y fue nuestra salvación pero ahora no encuentro ese apoyo por ningún lado, solo me dicen que siga buscando, que algo saldrá.

Y los días pasan y la Navidad también. Algo encontrarás, es lo único que escucho. ¿Sí? ¿Creen realmente que encontraré?

Así que realmente todos los tickets que tengo de la montaña rusa de subidas y bajadas no me sirvieron para nada. Decidí bajarme para ver todo desde otra perspectiva. ¿Todo este camino de lucha para llegar hasta aquí? Me da la sensación de un vértigo, como si saltara al vacío. ¿Y cómo saber si ahí abajo encontraremos una red o simplemente terminaremos estampados en el suelo?

Intento ser positiva y luchadora como siempre, sobre todo, por mis hijos. Porque ya han vivido muchas situaciones no tan buenas a pesar de su corta edad. Se lo merecen todo. Y yo, también.

Gracias por darme esta oportunidad que afecta a tantas mujeres que deciden romper con el miedo, con el sufrimiento pensando que hay una solución, que pueden tener una vida mejor. Pero en la última etapa nos sentimos muy solas, con miedo a la incertidumbre, que al final los días pasan, y sigues sin encontrar un hogar para tus hijos. Y aquí sigo día tras día intentándolo. Y ahora, ¿qué? Muchas gracias.