Hoy son baterías para almacenamiento eléctrico, mañana pueden ser electrolizadores para hidrógeno verde o, como esta misma semana se ha anunciado en Galicia, una planta completa de fabricación de coches. El desembarco de China como inversor industrial es una realidad y la apuesta del Gobierno Foral, con una aportación de al menos 50 millones de euros –la más relevante en décadas– para crear una sociedad conjunta con Hithium, supone la prueba del papel que el sector público debe jugar en el impulso de la política económica. La Administración está para mucho más que para fijar unas reglas de juego y dejar que el mercado actúe, un dogma liberal tan superado por la realidad –no hay más que echar un vistazo al resto del mundo– como falso e hipócrita.

Entrando en el capital de la nueva sociedad que cree con Hithium, Navarra muestra su compromiso con la industria y con la electrificación; y se posiciona, gracias también a la llegada de la coreana Mobis, ya en funcionamiento, como un destino atractivo para la inversión asiática. No cabe sin embargo el conformismo. Disponer de los cauces legales necesarios para agilizar aún más las inversiones es casi obligatorio para competir, si cabe con más fuerza, con otros territorios. Que también de eso se trata.