Féminas
Las cosas más importantes de la vida empiezan por donde no se ve. No lo ve así el capitalismo. Para el machismo imperante lo esencial es la apariencia, la eficacia, el frenesí, la inmediatez, el hedonismo, la dominación de los débiles y el sojuzgamiento de la mujer. Un mundo de locos el de los machos. Raíz de todos los males y guerras en ciernes. El feminismo es radicalmente anticapitalista. Por eso lo combaten. Por eso se sienten ultrajados ellos, los dueños del dinero, del poder, de la religión y de las mujeres en todos los estratos sociales y categorías étnicas. Los hombres no han empezado ni quieren saber nada de feminismo. Las féminas bastante tenemos con sobrevivir. Ante una empresa titánica cabe el acomodamiento sabiendo que los resultados son exiguos y mortales. Las mujeres son asesinadas. Comparto el silencio de mis congéneres agazapadas tras el manto del horror. Sideral la distancia masculino-femenina. Ellos han incorporado a las féminas en su sistema económico hecho desde y para ellos.
Pero siempre como esclavas en los niveles financiero, académico, legislativo, sexual y religioso. En un rango inferior según la jerarquía por ellos diseñada. Féminas como engranaje del sistema capitalista. Ellos ni vislumbran el pálpito femenino. Sus parámetros vitales siguen incólumes. Analfabetos emocionales por conveniencia, desdeñan la afectividad, el universo sentimental, el vastísimo y desconocido mundo de las emociones, la pasión y el deseo, el eros y el ethos, la inutilidad y el desamparo, el amor y la muerte. El desamor contemporáneo, el poliamor y la promiscuidad sexual beben del nihilismo absoluto del machismo. Se precisa una reconstrucción de la identidad femenina desde las féminas y su deconstrucción icónico-machista. Arrumbar el mito de la maternidad y abordar integralmente la dependencia afectiva de las féminas respecto a los varones. Derruír en el plano cristiano la consideración totémica de la Virgen María de los hombres. Al feminismo debemos que hoy se empiece a hablar de mujeres en la Iglesia católica.
“De todas las mujeres que habitan en mí / juro que hay algunas que yo ni conozco”. (Vanesa Martín).