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Bullying a gran escala

Bullying a gran escalaUnai Beroiz

Hoy el mundo es el reflejo de un aula en la que el alumno abusón acosa al que considera débil o percibe como rival, mientras la casi totalidad de compañeros miran hacia otro lado o adulan al hostigador por temor a convertirse en sus víctimas. Cuando en el grupo surge alguien que planta cara al matón, no le ríe las gracias o se posiciona en defensa del compañero agredido, el agresor suele recular, intentando al mismo tiempo no dar señales de debilidad ante sus adláteres, que por otro lado, son piezas necesarias para que el acoso se materialice. Para no mostrar flaqueza, recurre al insulto y a enrocarse en su necia y prepotente actitud, con el inconsciente objetivo de enmascarar la frustración que le invade. No parece necesario explicar el paralelismo de este fenómeno con el panorama geopolítico que en la actualidad vivimos, pues es bastante sencillo identificar los roles en cada participante. En la gestión de los casos de acoso escolar se busca reparar el daño causado a la víctima, además de fomentar en el agresor y observadores pasivos conductas proactivas y actitudes de respeto en aras de facilitar su integración social y mejorar la convivencia.

Si el abordaje de una situación de acoso y/o ciberacoso en el entorno escolar es complicado y delicado, en el contexto mundial, donde los intereses de quienes ocupan el escenario se anteponen a derechos fundamentales, la empresa se convierte en algo altamente complejo. Quizá la manera de frenar las agresiones y rebajar el amenazante grado de violencia pase por mirar la realidad bajo el prisma de lo ético en vez de hacerlo bajo el del beneficio materialista. Seguro que muchos dirán que la ética no da de comer, y es cierto, pero permite vivir y convivir, que no es poca cosa.