En estos días se ha escrito y hablado mucho sobre Félix Jiménez, el histórico sindicalista. Compañeros y dirigentes han repasado con justicia su larga y destacada trayectoria. Sin embargo, desde estas líneas humildes queremos recordar a Félix desde otro lugar: el de la persona cercana, el amigo. Tuvimos la suerte de conocerte, de conversar y debatir contigo y con Melchor Calleja. Lo hicimos desde posiciones sindicales y políticas diferentes, incluso enfrentadas, pero siempre desde el respeto mutuo y la honestidad.

También compartimos momentos difíciles. Coincidimos en demasiadas ocasiones en habitaciones de hospital, acompañando a Martín, a Silvano y, finalmente, a Tere. Los tres se fueron demasiado pronto. Pero el cariño, la lealtad y la amistad desinteresada, que tanto Melchor como tú les brindasteis hasta el final, quedarán para siempre en nuestra memoria.

No pudimos estar contigo en tu despedida: a algunos nos sorprendió lejos, a otros en la enfermedad. Pero eso no impide que hoy, desde el respeto y el afecto que supiste ganarte, te digamos con sinceridad: hasta siempre, camarada. Hasta siempre, amigo.