Javi Robles está de estreno. Y juega con lo conceptual con el único objetivo de hacerse eco entre la atemporalidad, el arte y lo infinito. De esta forma, y a través de 25 canciones divididas en tres salones, configura El salón de los rechazados, tres espacios en los que relatar las historias que le interpelan y remueven, a la vez que recoge la música y la historia del arte. Todo ello de la mano del impresionismo —una corriente que rechazaron al principio— con el que logra que lo rechazado, lo íntimo y lo imperfecto encuentren su lugar en el mundo. Y en el tiempo.
Acaba de publicar El salón de los rechazados, un disco dividido en tres, más conceptual y con otra forma, muy distinto a los anteriores, ¿de qué manera surgió la idea?
Desde que saqué Plaza Corazón en 2025, he tenido en mente la idea de hacer discos conceptuales y que fueran, no a contracorriente, sino apostar por otra cosa. En este caso, yo me he guiado por un sentido de trascendencia en cuanto a la música que hago. Ya no quiero solo hacer canciones y sacar singles, que es algo que ya he hecho, sino que ahora también quiero aprovechar esta era digital para arriesgarme a sacar otras formas que, de otra manera, quizá no haría. Quizá no podría hacer tres discos, pero ahora sí. De hecho, Iñaki Llarena —su productor— me propuso hacer dos discos al año. Es decir, un disco de verano —mucho más luminoso y sonoro— y otro de invierno —más profundo desde el punto de vista de la letra—. Y, como me encanta el arte, se me ocurrió la idea del Salón de los Rechazados, porque más allá del título, me interesa mucho la metáfora artística que explica. Se trata de una manera de referirse a la primera exposición de arte impresionista, que fue una exposición paralela y muy criticada. En los medios pusieron a caldo a pintores como Manet o Monet, que hoy, de forma paradójica, son dos de los artistas que más dinero han movido en la historia del arte. Me hacía mucha gracia la idea de, cuando haces algo que te gusta, esperas una repercusión inmediata, pero también tenemos que tener en cuenta el sentido del tiempo. Y de alguna manera lo que se ha conseguido es armar un relato... A mí me hace sentir muy bien el crear canciones dentro de todo un universo narrativo. De hecho, a mí me fascinan las sagas como El señor de los anillos porque Brandon Sanderson crea mundos, desarrolla y sostiene los arcos de los personajes, etc. Y me parece que la música, al menos al hacer álbumes conceptuales, te puede meter dentro de una o varias historias. Que eso es lo que yo pretendo.
¿Eso quiere decir que las 25 canciones configuran una narrativa en conjunto o, por el contrario, cada una tiene su propio relato?
Hay una narrativa total porque cada uno de los tres discos viene introducido por un chico italiano que se llama Salvatore Macarroni, que hace las introducciones a cada una de las partes. La idea es un disco pensado para poder escuchar canciones sueltas —que es la manera en la que se consume la música hoy en día— pero también para poderlo escuchar de arriba a abajo porque son tres salones. En el primero se encuentran las canciones tipo single, más redondas y fáciles de escuchar; el segundo es el Salón de los Rechazados, que son títulos de cuadros impresionistas, aunque hablo de las cosas que me pasan, pero van en esa línea. El tercero, El salón de la locura, que hace referencia a las monomanías de Théodore Géricault, quien por primera vez recogió de forma no caricaturesca los trastornos mentales. De alguna manera, aquí recojo sonoramente y temáticamente los pensamientos intrusivos y las cosas que a veces te asustan. Por tanto, es un álbum que se puede escuchar por completo, pero digamos que el cuadro, nunca mejor dicho, te lo da la suma de los tres.
¿Hasta qué punto el álbum se limita a narrar la historia del arte o también tiene tintes autobiográficos?
Me encantaría ser de esa gente que dice que escribe canciones que no se vinculan con él mismo porque yo necesito haber vivido todas estas experiencias. Hay una capa de pintura que envuelve las canciones, pero hablo de mi vida, algo maquillada, pero quien me conoce es capaz de ver a través de las canciones mi recorrido.
¿Diría que pretende reivindicar de alguna forma el éxito o la caída?
En Gladiator, se dice una frase que me gusta mucho que es "lo que hacemos en esta vida tiene hueco en la eternidad". Y a mí me gusta mucho esta idea porque no somos conscientes de saber cuál va a ser el eco que va a tener nuestra historia en la vida de otra gente. Entonces, lo que yo reivindico, más que el fracaso, es la atemporalidad en la música. La sensación de que lo que tú estás haciendo tiene la única finalidad de crear.
Eso indica también cierta rebeldía, al menos es valiente. La inmediatez ahora se premia...
Si te escuchan 20 personas, puedes tener un poco más de miedo. Me encantaría decir que yo he sido valiente, pero en realidad me he sentido muy respaldado por la gente que abraza mi locura. Ahora, que ya me sigue cierta gente, me la pela un poco más lo que hago. Pero todo es consecuencia del camino que me he labrado, que a fin de cuentas llevo trabajando en serio en mi música desde 2022. Ahora, estoy tomando una mayor conciencia de mi propio ser y si me apetece sacar una canción, la saco. Aunque también me frustra mucho cuando tengo la sensación de que quiero decir algo, pero lo que estoy escribiendo no está a la altura de lo que quiero transmitir. Quiero contar cosas sencillas, pero que a la vez sean conceptos más profundos. Y todo eso conseguirlo sin ser muy pretencioso.
¿Ha habido canciones rechazadas?
Ha habido canciones que, en términos de un armario, estaban repetidas. Era como "pero si ya tengo estos vaqueros, así que me quedo con los que mejor me sientan". Y pueden ir al cajón del olvido o que, por el contrario, pase el tiempo, las deje reposar y hacer algo mejor con ellas. Como hacer unas bermuditas —se ríe—.
¿En qué aspectos se distingue del Javi Robles que comenzó su carrera hace unos años?
Por suerte, he cambiado mucho. Porque creo que la vida es avanzar. Ya no escucho la música de antes, no porque la rechace, sino porque ahora escucho muchísimo. Y eso hace que tenga una paleta musical más amplia. Con todo, sí que hay una cosa que permanece en mi identidad, que es que las canciones nacen de una guitarra y una voz. Eso creo que le da mucho sentido al conjunto. Pero también me gusta el riesgo porque me ha insistido mucho Iñaki en que los artistas tenemos que ser como los equilibristas de un circo. Por eso, sin renunciar a lo que soy, que soy un chico con una guitarra, estoy tratando de darle algo más de sonoridad a través del folk o de un ritmo más anglosajón.
Como dijo alguna vez, "hago canciones de cosas que no me atrevo a decir"...
Sí, este es mi tema. Hay una verdad absoluta que es que la gente que escribe y hace canciones se comunica mejor así que cuando lo tienes que hacer de manera ordinaria porque te genera vergüenza desnudarte. En cambio, todo es más sencillo a través de una canción.
¿Y qué supone poder hacer temas sobre lo que le da la gana desde su casa?
Tengo mucha suerte de poder vivir dentro de una comunidad muy prolífica desde el punto de vista de la música y de la creación artística. A veces, cuando escucho a alguien digo: "Qué hijo de puta, ojalá haber escrito esas letras". Probablemente, si hubiera vivido en Murcia y no en Navarra, no habría pensado en hacer un disco de invierno. Y como hay muchos creadores también te da vida a ti, que no eres impermeable. Y te cala esa ebullición de la que solo pueden salir cosas buenas.
¿Cómo cree que sentirá alguien que escuche su nuevo álbum?
Si se acercan a mi movida, saben que lo que cuento es mi verdad, mi música, mis miedos y mis dramas. Sin trampantojos. Y creo que mis dramas no dejan de ser los de una persona normal y corriente.A la gente no le gusta mi música porque tengo una voz virtuosa o porque toque la guitarra con complejidad, sino porque cuento una verdad universal con la que la gente empatiza.
O, más bien, esas personas se acercan a un salón que se convierte en algo que también les pertenece...
Sí, exacto. La gente que accede a mi música encuentra unas letras honestas y reales, y correctas y accesibles desde el punto de vista de la instrumentalización. Y yo quiero que en ese espacio se sientan cómodos, se queden. Y vivan.